Rafael Correa abandona el cargo luego de 10 años de un mandato destacado por sus avances en infraestructura y con una reducción del 23,3% de la pobreza, entre otros logros, pero distanciado de la prensa ecuatoriana por una ley calificada como “mordaza” para la libertad de expresión. El mandatario saliente, un economista formado en el exterior con fuertes posiciones socialistas, formó parte de la ola “progresista” de la región junto al venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales, el brasileño Lula da Silva y el matrimonio Kirchner en la Argentina.
Correa logró llevar a su país a una posición nunca antes vista en el entorno internacional no sólo por sus acciones y posiciones, sino por decisiones como la de ofrecer en 2012 refugio y posterior asilo al creador del sitio de internet WikiLeaks, Julian Assange, desde entonces acuartelado en su embajada en Londres.
EL TEMA DE LA CORRUPCION
Mientras en el exterior se aprueba la gestión del mandatario de los ecuatorianos, adentro de su país son constantes las acusaciones a funcionarios y ex funcionarios suyos envueltos en escándalos de corrupción, el último desatado por la constructora brasileña Odebrecht, de la que Correa se defiende exigiendo pruebas.
De hecho, el ex ministro de Petróleo Carlos Pareja asegura que el Gobierno ecuatoriano está involucrado en una red de corrupción en la estatal Petroecuador. Pareja, quien está prófugo de la Justicia tras ser acusado de aceptar 1 millón de dólares en sobornos para asegurar contratos con Petroecuador, estuvo publicando videos que acusan de corrupción a funcionarios cercanos al Correa. El vicepresidente Jorge Glas, compañero de fórmula del candidato oficialista Lenín Moreno, aparece en esos videos. “El es el cabecilla”, dijo Pareja en una de sus publicaciones, sin brindar detalles específicos sobre sus denuncias.
Glas, quien supervisó el petróleo y la infraestructura como ministro de Sectores Estratégicos, ha negado las acusaciones. Pareja no implicó a Moreno, ex enviado de Naciones Unidas para Discapacidad y Accesibilidad. La saga, junto con el reciente escándalo de Odebrecht sobre el pago de 33,5 millones de dólares en coimas a funcionarios ecuatorianos para asegurar contratos, salpicó los comicios.
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