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Si consideramos la infinitud del universo, una distancia de 40 años luz es nada. Según la medición terrestre del tiempo llevaría unos 2.720.910 años recorrer esa distancia viajando a 15.480 kilómetros por hora. Esta semana un equipo internacional de astrónomos comunicó el descubrimiento de un pequeño sistema solar hasta ahora ignorado, que se encuentra a esa distancia de la Tierra. Se llama Trappist-1y consta de siete planetas de tamaño similar al de la Tierra que giran alrededor de un sol tenue, lo cual asegura temperaturas que hacen posible la vida. Todo ese sistema cabría entre Mercurio y el Sol.
Este hallazgo acontece luego de una larga historia de búsqueda de vida en el espacio que se centraba específicamente en grandes cuerpos celestes. La exploración de lo pequeño es reciente, gracias al mayor poder de los telescopios. Hallar a Trappist-1 fue posible gracias a que varios telescopios, ubicados en el desierto chileno de Atacama, en Marruecos, Hawaii, Liverpool, la isla española de La Palma y en la NASA fueron combinados para apuntar a un mismo lugar del espacio durante veinte días.
Seguimos buscando vida fuera de nuestro planeta y de nuestro sistema solar, como si a pesar de ser 7 mil millones de humanos nos sintiéramos solos. Empezamos por lo grande y lo lejano y de pronto la aparición de este “nuevo barrio planetario”, como se lo llamó, nos sugiere que puede estar cerca de nuestras narices cósmicas y en pequeñas esferas.
DEL CIELO A LA PANTALLA
Esta noche, al finalizar la misma semana en que Trappist-1 fue presentado en sociedad, se entregarán los premios Oscar 2017. Son los más famosos del universo cinematográfico, pero no los más justos, ni los que con más seriedad, conocimiento y aplicación toman en cuenta la calidad de las películas. Para estos premios cuenta más la taquilla que el arte, aunque de tanto en tanto se produce una equivocación y el galardón es otorgado a una película que no es puro envase y tiene un contenido trascendente y significativo. En general podría decirse que se trata de premios populistas, para usar una palabra de estos tiempos. Le dan al gran público lo que desea, hacen lo mismo con los productores y con los grandes capitalistas de Hollywood. No contradicen a las mayorías, aunque estas estén equivocadas y no se preocupan por la protesta de las minorías ni por sus argumentos. A los sumo les permiten participar, aunque sin expectativas.
Entre los pequeños films que merecen ser premiados y son desplazados por los grandiosos, por los que tienen gran despliegue de producción, actuaciones “para la tribuna” y mensajes fáciles y obvios, asoma este año “Manchester frente al mar”. Ojalá hubiese podido colarse otra pequeña gran obra, como es “Paterson”, pero no está allí. ¿Qué tienen que ver estas dos películas con Trappist-1, el nuevo sistema solar? Si abandonamos la modorra mental es posible que asociemos ideas acerca de ambas cosas.
Así como los grandes telescopios apuntaban a los pesos pesados del universo buscando allí vida, y terminaron descubriendo que quizás esta se encuentre en lo pequeño y acaso más cercano, “Manchester frente al mar” y “Paterson” (busquen esta última fuera de los cines, la tarea vale la pena) son pequeñas estrellas con una luz que brilla desde adentro, sin necesidad de poderosos reflectores, y que están llenas de vida. Esto significa que están pletóricas de todo aquello que les ocurre a las personas reales en sus vidas cotidianas. Sus esperanzas, sus dolores, sus silencios elocuentes, sus sueños, sus tragedias, sus amores, sus angustias, sus preguntas, sus búsquedas, sus misterios. Cuando se encuentra vida no sólo se halla agua, oxígeno, organismos unicelulares o pluricelulares. Se halla, en potencia, todo aquello otro.
“Manchester frente al mar” cuenta la historia de seres que se mueven en carne viva en una trama de dolor tejida a partir de una tragedia familiar. Quien provocó ese drama siente, aunque lo hizo desde la inconsciencia, sin proponérselo, que no habrá redención para él, sobre todo porque no se perdona a sí mismo. Sin embargo, también sin proponérselo y por obra de pequeños actos que se dan en el tiempo, empieza a dejar en otros mínimas huellas, casi imperceptibles caricias, que modifican sus vidas. La suya no alcanzará luz plena, lo sabe, pero está dispuesto a vivir la vida que le tocó y lo que él hizo con ella. Sin grandes parlamentos, sin catarsis de esas que alivian al espectador para que pueda cenar tranquilo tras el film, sin explicaciones innecesarias, con una sensibilidad poco frecuente, con una hondura conmovedora e inolvidable, “Manchester frente al mar” cuenta una pequeña historia de hondo calado y quien la siga quizás comprenda algo sobre su propia vida, sus propios vínculos, sus propios errores y sobre los de los demás. Sus actores, el pequeño gran Casey Afleck, la sublime Michelle Williams, el comprometido Kyle Chandler, el enternecedor Lucas Hedges, y su director Kenneth Lonergan se unieron en un momento de inspiración de esos que solo se dan de cuando en cuando y la luz de su obra seguirá brillando en el tiempo y en espacios siderales.
Seguimos buscando vida fuera de nuestro planeta y de nuestro sistema solar, como si a pesar de ser 7 mil millones de humanos nos sintiéramos solos
LA LUZ DE UNA VIDA COMÚN
“Paterson”, a su vez, es el simple seguimiento, durante una semana, de los días y las noches de su protagonista (llamado justamente Paterson, como la pequeña ciudad en que transcurre la historia), un colectivero que, además, escribe breves y bellos poemas en un cuaderno que siempre lo acompaña. Esos poemas describen la vida cotidiana, se inspiran en lo que Paterson ve y oye en el colectivo (un pequeño universo palpitante de vida) y en el bar donde cada noche toma una cerveza al salir a pasear a su perro, el inefable Marvin. Él no se valora como artista, simplemente escribe, inspirándose en William Carlos Williams (1883-1963), un extraordinario poeta estadounidense, que además era médico y trabajó en el Hospital General de Paterson. Un hecho fortuito, uno de esos accidentes o travesuras que inesperadamente modifican vidas, hará creer a Paterson que la poesía no es para él. Pero otro hecho trivial (un paseo por el parque de la ciudad) provocará la situación que le demostrará lo contrario. Mientras tanto, habremos asistido a una sensible, entrañable, cálida y respetuosa incursión en la vida cotidiana de pequeños seres en una pequeña ciudad y habremos sido testigos de cuánto amor, cuánta empatía, cuánta belleza puede haber en los actos de cada día. Dirigida por Jim Jarmusch (poeta del cine) y protagonizada por Adam Driver, “Paterson” es un necesario masaje en el alma.
Hacia 1973 el economista alemán Ernest F. Schumacher (1911-1977) escribió un libro que tuvo gran repercusión entonces y merece una relectura hoy. Se titula “Lo pequeño es hermoso: como si la gente importara”. Invitaba a dejar de lado el derroche, lo grande, la obesidad material, la voracidad consumista y a trabajar en comunidad para revalorizar lo pequeño, para encontrar el oro de lo trascendente en el barro de lo superficial e innecesario. Acaso eso vienen a recordar Trappist-1, “Manchester frente al mar” y “Paterson”. Que lo pequeño es hermoso.
(*) El autor es escritor y periodista. Sus últimos libros son "Inteligencia y amor" y "Pensar"
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