Hay una imagen símbolo de la Asamblea del viernes pasado que aprobó la modificación del Estatuto de la AFA. Todo se demoraba. Y en la sala de futsal no había aire acondicionado. Los presidentes de los clubes de Primera –los que fueron, porque no estaban todos, como sabiendo que para muchos de ellos ese era esencialmente un escenario de derrota asumida- se refugiaron en una sala refrigerada. Esperando que los “peces gordos” negociaran los últimos puntos. Los del Ascenso, en cambio, estaban ahí, soportando estoicos los cuarenta grados, la nieve o lo que fuera. Además, casi todos juntos, como siempre, sabiendo que esa unión fue históricamente clave para contrarrestar su debilidad. Para imponer a Claudio “Chiqui” Tapia como su candidato de triunfo para las elecciones que ya tienen fecha del 29 de marzo. Eso sí, con el apoyo, decisivo, de Daniel Angelici. Acaso porque Tapia termina siendo el mal menor para su amigo, el presidente Mauricio Macri. Mejor Tapia que Marcelo Tinelli.
Son otros tiempos. Ya nadie habla hoy del derecho del pueblo a ver fútbol por televisión abierta. Son palabras viejas. Ahora se pasó directo al negocio.
El vicepresidente de San Lorenzo terminó siendo decisivo a su vez para que la TV, que ya tenía asumido pagar 2.400 millones de pesos en noviembre de 2016, terminara obligada, ante la aparición de la competencia, a subir la oferta a 4.200 millones. Derrota para el gobierno, que buscó imponer de entrada a Fox-Turner, acaso porque esa sociedad tiene vínculos y cercanía con el Grupo Clarín. Y, como tal, ostentó a última hora, como el as que sale de la manga, tener la llave para destrabar el juicio que TSC (Clarín-Torneos) inició a la AFA cuando en 2009 Julio Grondona rompió unilateralmente el contrato para asociarse al gobierno kirchnerista y crear el Fútbol Para Todos (FPT). Es un juicio que trascurrió en silencio, pateado de juzgado en juzgado, pero de mucho dinero. La AFA respondió ante la justicia argumentando también incumplimientos de TSC que muy pocos difunden. Es decir, es un juicio todavía sin sentencia, aunque parece claro que la AFA deberá pagar un resarcimiento, pero menor, claro, a las cifras que algunos imaginan. Son otros tiempos. Ya nadie habla hoy del derecho del pueblo a ver fútbol por televisión abierta. Son palabras viejas. Ahora se pasó directo al negocio. Las palabras que se acomodan según los tiempos. Los tiempos políticos, claro.
La AFA sabe que el gobierno quiere que el fútbol vaya ahora a manos de la sociedad que formaron Fox-Turner. Y sabe también que Fox-Turner tienen cercanía con Clarín.
La AFA sabe que el gobierno quiere que el fútbol vaya ahora a manos de la sociedad que formaron Fox-Turner. Y sabe también que Fox-Turner tienen cercanía con Clarín. Son dos datos no menores para intuir que esa sociedad podría ganarle la batalla a ESPN y a Mediapro. Porque el gobierno nacional no aceptará tanta derrota si se advierte, además, que Macri tampoco pudo imponer su proyecto de Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), un punto que no fue incluído en el Estatuto aprobado el viernes. “Una pena, en el fútbol habrá que ir más lento de lo que nos hubiese gustado”, aceptó días atrás el propio Macri. Hace veinte años, Macri había llevado ese mismo plan de SAD al entonces presidente Carlos Menem. La AFA le ganó por goleada. Ahora presidente de la nación, Macri creyó que tal vez había llegado su revancha. No lo parece. Al menos no por ahora. Y el gobierno nacional va sumando problemas sociales que acaso releguen tanto interés por cambiar el negocio de la pelota. El fútbol es una corporación en sí misma. Pero todavía hay cuestiones abiertas. El gobierno tiene las herramientas del Estado a su favor. Ya las ha usado.
El vicepresidente de San Lorenzo terminó siendo decisivo a su vez para que la TV, que ya tenía asumido pagar 2.400 millones de pesos en noviembre de 2016, terminara obligada, ante la aparición de la competencia, a subir la oferta a 4.200 millones.
El paro de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), más que legítimo si se advierte que hay jugadores que no cobran desde octubre pasado, pero anunciado con llamativo oportunismo, y las presentaciones contra Tapia y su función en el CEAMSE avisan que nada será sencillo. También el aviso de las cadenas de TV de que podrían retirar sus ofertas si la AFA no acepta plenamente el Estatuto exigido por la FIFA. Es cierto, suena algo abusivo que la FIFA y la Conmebol se arroguen la facultad de aprobar al candidato que la AFA decida en asamblea democrática y soberana. Tan extraño como que la AFA haya votado que, en lugar de someter la integridad ética del candidato a tribunales internacionales, lo hará ante el Colegio Público de Abogados, donde manda justamente el todopoderoso Angelici. ¿Cuál es el temor? ¿Acaso el candidato no es idóneo? ¿Acaso temen alguna nueva maniobra por parte de una FIFA y una Conmebol que ya han actuado antes en sintonía con el gobierno nacional, como se vio en la conformación de la Comisión Regularizadora de la AFA que lidera Armando Pérez? Y, una más, ¿se puede confiar, por ejemplo, en el criterio ético de una Conmebol que aún sigue sin responder por qué LaMia, la compañía del vuelo fatal de Chapecoense, se presentaba como la “trasportadora oficial de la Copa Sudamericana”? Hay quienes todavía pretenden que el fútbol sea un escenario apolítico, incorruptible, trasparente, casi una sala de jardín de infantes. Como si la pelota hubiese llegado en una nave manejada por extraterrestres. Sabemos que no es así.
SUSCRIBITE a esta promo especial