Especial para EL DIA
de National Geographic
En Kenia, hay desde hace pocos años empresas emergentes que ofrecen al agricultor herramientas como bombas de riego a energía solar y pesticidas totalmente naturales diseñados específicamente para las condiciones de ese país. A su vez, hay organizaciones sin fines de lucro e instituciones financieras que intentan mejorar el acceso del agricultor a esos productos con micropréstamos y seguros contra el mal clima.
Hay una imperiosa necesidad de equipar a los pequeños agricultores de Kenia con las herramientas que tanto necesitan para hacer frente al calentamiento climático. En el este de Africa las temperaturas aumentan y las lluvias estacionales son cada vez más imprevisibles. En tanto, millones de agricultores siguen trabajando sin las herramientas básicas: semillas de alta calidad, fertilizantes y riego, tan necesarios para que la agricultura resulte más resiliente.
Según un relevamiento de 22.000 familias dedicadas a la agricultura realizado por el Banco Mundial en 2015, dos tercios del total no emplean fertilizantes; no más del 3 por ciento se vale del riego; y menos del 1 por ciento usa más de una de esas mejoras en la misma parcela de tierra. Existen muchas razones. Por un lado, los insumos tales como semillas y fertilizantes resultan caros: en el Africa subsahariana, por el alto costo de importación y de transporte, según Calestous Juma, economista especializado en agro de la Universidad de Harvard. Y resulta difícil acceder a esos insumos dado que más del 70 por ciento de los agricultores viven de 2 a 5 horas de viaje del mercado más cercano.
Poca ayuda se puede esperar de los bancos locales; los agricultores tienen poco o nada que ofrecer como garantía y son considerados un riesgo como deudores. Todo esto, combinado con el rápido aumento de las poblaciones rurales, una calidad notoriamente pobre del suelo en gran parte del continente, y el cambio climático, hizo que el África subsahariana sea el único lugar de la Tierra donde está cayendo la producción per cápita de alimentos.
Pero en Kenia, está surgiendo gradualmente un mercado para las soluciones climáticas para pequeños agricultores. El Kenya Climate Innovation Centre o KCIC- una incubadora de proyectos de la Universidad de Strathmore, Nairobi- toma aportes del Banco Mundial y de los gobiernos danés y británico, y los distribuye en forma de pequeñas ayudas económicas que van desde unos cientos hasta unos pocos miles de dólares para emprendimientos relacionados con el clima. Esperaban recibir aproximadamente 150 propuestas y financiar un tercio de ellas. En cambio, recibieron 3.000 propuestas, de las cuales pudieron financiar menos del 10 por ciento.
Kenya Biologics es una de las empresas que aprovechó la ayuda de KCIC. Su producto principal es un pesticida natural contra orugas que destruyen la siembra. Recolectan en las afueras de Nairobi millones de orugas que luego infectan con un virus letal para ellas pero inocuo par otros organismos. Las orugas sirven para producir en masa el virus que matará a las orugas en libertad.
“Reproducimos el virus de a millones, luego aplastamos las orugas, las metemos en una botella y eso es lo que el agricultor usa para fumigar”, explica Chris Kolenberg, CEO de la compañía.
El producto permite controlar pestes sin sustancias químicas sintéticas que dañen el suelo, contaminen el agua, representen un riesgo para la salud o hagan que la cosecha no pase el control de calidad para exportación a mercados extranjeros.
La granja de Christine Wasike es típica del este de Kenia, cerca de la frontera con Uganda. Su terreno no es más grande que una cancha de fútbol. Ahí cultiva maíz, porotos y cría unos pocos pollos, cabras y vacas. Cuenta sólo con agua de lluvia, que cada vez escasea más.
“Cuando hay sequía los granjeros sufren hambre. Pero debemos seguir”, dice Wasike. A veces puede comprar semillas mejores y fertilizante, pero en un viaje al pueblo gasta 55 dólares y en un año seco, cuando produce dos o tres bolsas de maíz para vender, no puede darse el lujo de hacer esa inversión: si hay una sequía severa, pierde todo, y con ello, el dinero para el colegio de sus hijos, el presupuesto en salud y otros gastos vitales.
Hace unos meses, Wasike se contactó con One Acre Fund, una entidad sin fines de lucro que otorga préstamos a agricultores en forma de semilla y fertilizante enviados directamente a la granja, y el granjero tiene un año para devolver el dinero. Cada préstamo es de alrededor de 100 dólares e incluye un seguro en caso de que se pierda totalmente la cosecha. One Acre Fund fue fundado en 2006 con 37 clientes y hoy ayuda a 200.000 keniatas además de otros agricultores de varios países de Africa oriental.
Josephine Wamela, otra agricultora ayudada por One Acre Fund, cuenta que los últimos años perdió tantas cosechas por la sequía que estuvo a punto de abandonar todo: “Como el clima sigue cambiando, los agricultores temen sembrar porque no cosechan nada”. One Acre Fund fue la primera institución que aceptó otorgarle un préstamo- cuenta Wamela- y ahora “aun cuando haya sequía puedo cosechar”.
El programa de seguros contra el clima más grande del continente, conocido como Agriculture and Climate Risk Enterprise, sumó a más de 160.000 agricultores entre 2010 y 2013. El programa actúa como intermediario entre los aseguradores tradicionales y los agricultores, valiéndose de datos climáticos obtenidos con alta tecnología para predecir el rendimiento de las cosechas y distribuir pagos si las condiciones empeoran más allá de un umbral predeterminado. Según un estudio de 2015 realizado por científicos de la Universidad de Columbia, los agricultores enrolados en ACRE ganaron 16& más al final de la temporada de cosecha que sus vecinos no asegurados. En 2016, el Banco Mundial lanzó un programa similar con ofrecimientos especializados para pastores nómades de Kenia además de agricultores.
Este tipo de programas generan una respuesta positiva: cuando los agricultores keniatas logran acceso a la tecnología, crece el sector de innovación del país, con lo cual la tecnología se torna más accesible.
“Si logramos ofrecer mejores tecnologías para la agricultura”, dicen desde el KCIC, “habremos avanzado mucho en la lucha contra la amenaza del cambio climático”.
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