Desde los 90 se ha hecho parte de la noche de los jóvenes,reunirse para consumir grandes cantidades de alcohol: el motivo, divertirse, socializar,conocerse y en otras como el botellón en España por una cuestión de economía y saber que consumen. Cualquiera sea el motivo siempre tiene y ha tenido consecuencias de alto riesgo, muchas veces el coma alcohólico y la muerte.
Lo que pareciera que los jóvenes y los adultos (padres)desconocieran son las consecuencias que tiene esta ingesta:los daños irreversibles a nivel del sistema nervioso central en un cerebro que está en etapa de maduración y que no cuenta con las defensas necesarias para estás constantes agresiones.
Parecieran guerreros preparándose para una gran batalla que sucederá horas después al ir al boliche y muchas veces todo queda ahí.
Si a ese alcohol se le agrega un toxico, a fin. según el razonamiento de ellos, de lograr una mejor perfomance el riesgo es mucho mayor.
Cave la reflexión, si es en casa de alguno de ellos ,si los padres están presentes y hablamos de chicos de entre 15 y 20 años y en algunos casos más jóvenes,que evidentemente creen ganar confianza y seguridad al ir con el consumo puesto.
¿Que pasa con los padres?
¿Dónde está su responsabilidad y el compromiso frente a la conducta de los jóvenes que están en nuestro domicilio? Si la respuesta es: ‘se están divirtiendo’, ‘¿qué podemos hacer?’, creo que debemos tomar conciencia que no se están divirtiendo. El divertirse no se conjuga con dañarse, con morir, con perder la memoria del evento, con no saber qué pasó.
Se hace imperioso que los padres estén más prestos a observar e intervenir más activamente y no como observadores pasivos mientras ellos compulsivamente juegan con la muerte , porque, eso lamentablemente, no es diversión.
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