Confusión, desconcierto y una sospecha. En esas tres palabras quedó encerrado el debut esta semana de los “precios transparentes”. La confusión y el desconcierto estuvieron más del lado de los comerciantes: ¿cómo aplicar las nuevas medidas? La sospecha se instaló entre los clientes: nadie ve muy factible que vayan a bajar los precios de contado. “Acá nunca baja nada”, es la certeza repetida.
La medida que obliga a diferenciar los precios de contado de los financiados empezó a regir con la promesa gubernamental de que se traducirá en una rebaja de los precios en un solo pago. ¿Será así? Por ahora, la desconfianza es la única respuesta.
Los ánimos, mientras tanto, empiezan a crisparse con la vuelta de las vacaciones. La CGT ya anunció una movilización y el primer paro general contra el gobierno de Macri. Lo agendaron para marzo. Los docentes avisan que el inicio de clases está “en veremos” y los médicos de los hospitales bonaerenses no dan tregua con los paros. El clima de conflictividad gremial parece instalarse en el arranque del año electoral.
Lo de los docentes es una historia conocida. Entre los padres provoca impotencia: ya han visto muchas veces la misma película. ¿Nunca se encontrará una fórmula para negociar sin que los alumnos sean la variable de ajuste?
Si se habla de impotencia y de historias conocidas, hay que decir que esta semana fueron miles los platenses que volvieron a sufrir por apagones y problemas con el agua. Ya no sorprende leer la noticia de los cortes prolongados en estos servicios básicos. Pero los que los padecen saben cuánto afectan su calidad de vida. Soportar días de verano sin agua y sin luz es, directamente, una pesadilla. Todo queda subordinado a esas limitaciones. Son situaciones que no sólo generan incomodidad; provocan angustia y alteran la tranquilidad.
Esta semana, mientras tanto, se anunció un nuevo aumento en la tarifa de luz. Nadie ignora que estos ajustes -amargos, por cierto- son necesarios después de más de una década de tarifas subsidiadas y artificiales. Pero los usuarios esperan que al menos se traduzca en una mejora de los servicios.
La política, mientras tanto, sigue enredada en sus propias polémicas. Esta semana fue Gómez Centurión el que abrió un frente de controversia que sonó inoportuno. El Gobierno acababa de acomodar lo del feriado del 24 de marzo cuando un funcionario plantea una postura llamada, inevitablemente, a reabrir heridas y lastimar sensibilidades.
De todos modos, hasta la torpeza más enorme queda empequeñecida frente a Donald Trump. El nuevo presidente norteamericano acapara todos los días la atención del mundo. Y no deja de sorprender. Esta semana le cortó el teléfono al primer ministro de Australia. Y mandó a sus voceros a contarlo. ¿Se puede concebir una mayor ruptura de los modales diplomáticos? Quizá lo sepamos en estos días.
Pero nuestra realidad cotidiana tampoco deja de sorprender. Esta semana, se convirtió en un debate nacional el top-less de tres turistas en un balneario de Necochea. Y el tema parece haber escalado al punto de promover la convocatoria a un “tetazo” en ciudades de todo el país. Un juez -quizá a falta de otros asuntos- ocupó toda la semana en intervenir en la polémica y sentar su posición. ¿No será mucho? ¿Merece el top-less necochense convertirse en una causa nacional? Quizá haya que comprender que las mujeres pueden tomar sol como quieran, sin necesidad de incomodar a nadie en un balneario familiar. El top-less, después de todo, es un acto de libertad, no de provocación.
Lo cierto es que febrero arrancó con polémicas y debates para todos los gustos: anuncio de un año de elecciones, que estará dominado por las controversias y desacuerdos sobre los temas más variados de la agenda nacional.
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