Telefé buscó para la realización de “El regreso de Lucas” financiación extranjera para la producción, algo que puede convertirse en una forma recurrente de mantener viva la ficción nacional, en riesgo de desaparición ante la crisis económica, el éxodo del rating y la invasión de enlatados baratos.
La primera coproducción entre Telefé y un país latinoamericano ya había seducido en la ajetreada feria del Mercado Internacional de Programas para Televisión (MipTV) realizada en la ciudad francesa de Cannes en abril del año anterior, cuando fue vendida a Chile y Ecuador, mucho antes de aterrizar en la televisión local.
La peor pesadilla de cualquier madre o padre se concreta sin remilgos y a un ritmo sostenido desde los planos inaugurales del envío de 60 capítulos (no habrá segunda parte), y el drama irrumpe de lleno en la historia, más allá de la belleza de los paisajes que enmarcan la tragedia, ya que la serie está grabada íntegramente en exteriores, en Ultra HD con tecnología 4K, todo resulta sobrecogedor.
El llanto desgarrador de Orozco, como la madre del chico perdido, en un personaje distante del registro tierno de “Betty la fea”, protagónico que la hizo popular a nivel internacional, junto a la mirada melancólica de Martínez, quien afirma ser el hijo pródigo veinte años después de la fatalidad, insisten en simbolizar el infortunio para sellar el pacto del culebrón.
La alianza se inscribe en un buen cuento, desarrollado “desde la gerencia de contenidos del canal, donde se trabajó desde la premisa de narrar el terror a la pérdida de los progenitores cuando van con hijos pequeños a una playa”, describió Guillermo Borensztein, gerente de Negocios Internacionales de Telefe.
La creación, con mucho de thriller, fue exportada a Estados Unidos, Uruguay, Costa Rica, Panamá, Bolivia y Venezuela, siempre en preventa, con el contenido aún no estrenado.
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