Una de las obligaciones primordiales de toda gestión gubernamental pasa por el debido mantenimiento de los edificios públicos, tanto en lo que interesa a su estado de conservación como en lo concerniente al mejor funcionamiento de esas sedes, ya sea para la mejor atención del público, como, también, en lo que se refiere al confort mínimo que se le debe garantizar al personal que trabaja en ellas. Se sabe, sin embargo, que en muchas oportunidades, esas premisas no se cumplen.
Así, varias notas publicadas en los últimos tiempos –aún cuando los problemas se presentan desde hace muchos años- fueron dejando referencias elocuentes sobre los deterioros edilicios y funcionales que padecen el Pasaje Dardo Rocha de nuestra ciudad y las conocidas como Torres Gubernamentales que flanquean el palacio de la Municipalidad, sobre calle 12 en las esquinas de las avenidas 51 y 53. Como se sabe, el Pasaje depende de la Comuna local, mientras que en el centro administrativo existente en ambas torres -construidas no hace muchas décadas- comparten el lugar oficinas provinciales y municipales.
En el caso del Pasaje Rocha, tanto en el interior como en la fachada, se ven paredes sucias y descascaradas por la humedad, ventanas rotas e instalaciones que no dan más, escaleras de mármol dañadas, verdín en los frentes y en algunos interiores, muestras elocuentes aquí y allá del abandono en que se encuentra.
Ubicado en la manzana céntrica delimitada por las calles 6 a 7, desde 49 a 50, en el propio corazón de la Ciudad, resulta singularmente llamativo por su imponente estilo, propio de las construcciones fundacionales. Como se sabe, allí funcionó la primera estación ferroviaria de La Plata y luego de diversas modificaciones se convirtió en el actual centro cultural en el que funcionan museos y otras dependencias comunales. Ahora, ya en su entorno pueden verse farolas de iluminación muy deterioradas, al igual que las marquesinas ganadas por el óxido. Por su parte, los ascensores funcionan irregularmente, algo que afecta gravemente la actividad diaria del edificio.
A su vez, un similar panorama de descuido y de serias deficiencias caracterizan a las siempre muy concurridas Torres Gubernamentales. De sobra son conocidas las extensas filas que se forman frente a los ascensores que no dan abasto. Casi siempre hay que aguardar muchos minutos para poder llegar a cualquiera de los ascensores, demandados por crecientes cantidades de público. Una alternativa, tan frecuente como riesgosa, ocurre cuando los ascensores dejan de funcionar a mitad de camino.
Se sabe también de los graves problemas que suele plantear la escasez de agua en las torres, en especial para el personal que trabaja y que permanece en ellas varias horas del día. Asimismo, en las jornadas de calor y al igual que en años anteriores, la falta de aire acondicionado en muchos ámbitos los convierte literalmente en hornos insoportables.
Es fundamental que tanto la administración municipal como la provincial presten un mayor cuidado al patrimonio arquitectónico y edilicio que depende de ellas. No sólo en estos dos casos, sino para la totalidad de las sedes públicas, especialmente de aquellas existentes en la Ciudad que vienen del tiempo de la fundación. Se habla de edificios extremadamente valiosos, que demandan un mantenimiento efectivo y continuado.
Este reclamo no sólo apunta a contemplar las situaciones de real incomodidad que atraviesan quienes van a esos edificios a realizar trámites o, asimismo, las que enfrentan en forma cotidiana los que desarrollan tareas en esas dependencias, sino que, también, se está hablando de bienes rodeados de connotaciones históricas y edilicias de mucha valía, que en modo alguno pueden ser descuidados.
La Plata dispone, en sus edificios gubernamentales, de un patrimonio edilicio que es orgullo de sus habitantes. Velar para que sea conservados como corresponde es una obligación de todos, aunque las administraciones provincial y municipal tienen en esta materia un rol determinante e indelegable.
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