Como un torbellino pasó el viento por el hogar de la familia Ramírez Fernández y levantó el techo de chapas y las cargas de pesados ladrillos que se colocan, justamente, para evitar las voladuras. El resultado del impacto fue un desastre en la vivienda de 137 entre 523 y 524: se rajó el cielorraso de madera y a raíz de esa filtración se inundó un sector del interior, pero afuera, hacia la calle, los cascotes que cayeron de la cubierta dieron contra dos autos, un Corsa y un Peugeot 306, que quedaron, ambos, destrozados. “Se sintió como si estuviera cayendo granizo y en realidad eran las chapas que se iban saliendo una a una”, describió el momento del cimbronazo la dueña de casa.
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