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La hinchada del viejo continente

“No sos bienvenido” el afiche que subió la hinchada del Rayo Vallecano a su sitio web. Zozulya no es querido por sus vínculos con el ejército y grupos paramilitares de Ucrania

Por Redacción

Por EZEQUIEL FERNANDEZ MOORES

El jugador argentino, fichaje flamante del Rayo Vallecano, estaba inquieto. Los hinchas quería hablar con él. “¿Cuánta guita me pedirán?”, fue lo primero que pensó. Los hinchas, de la agrupación Bukaneros, comenzaron hablándole de lo que significaba vestir la camiseta del Rayo. “¿Cuánto me pedirán?”, siguió pensando el jugador argentino. Los hinchas pasaron a hablarle luego de lo que significaba jugar en un equipo del barrio obrero de Vallecas. El jugador escuchaba atento, pero por dentro seguía preguntándose “¿cuánta guita querrán estos tipos?”. Los hinchas cerraron su discurso sobre el Rayo, Vallecas, barrio obrero, fútbol para la comunidad, fútbol solidario, integración con la gente, etc etc. “¿Nada más?”. Desconcertado, acostumbrado a las barras argentinas, el jugador preguntó de modo cauto si acaso debía “ayudarlos” con algún aporte. Los hinchas le respondieron que estaban en Vallecas, no en Buenos Aires. Lo despidieron reiterándole el compromiso y deseándole suerte, pidiéndole esfuerzo y ofreciendo aliento. “¿Nada más?”, se preguntó otra vez el jugador argentino. “Nada menos”, parecieron responderle los hinchas.

Desconcertado, acostumbrado a las barras argentinas, el jugador preguntó de modo cauto si acaso debía “ayudarlos” con algún aporte. Los hinchas le respondieron que estaban en Vallecas, no en Buenos Aires

Son los mismos hinchas que, unos años atrás, impulsaron una iniciativa junto con los jugadores del equipo para ayudar a Carmen Martínez Ayuso, una anciana de 85 años que estaba a punto de ser desalojada porque, estallada la burbuja financiera, no podía afrontar el costo altísimo que había alcanzado su hipoteca. Eran tiempos en los que la justicia española multaba hasta a un bombero heroico que se había negado a desalojar a otra anciana. “Orgullosos de ustedes”, decía al partido siguiente un cartel de hinchas a los jugadores. No hablaban de ganar o perder, sino de algo mucho más profundo. Vallecas, una de las zonas más castigadas en Madrid por los bombardeos que ordenó el dictador Francisco Franco en plena Guerra Civil, es un barrio obrero y los Bukaneros tienen fuerte influencia de la izquierda. “Bukaneros –dice su página oficial- es un colectivo rayista” formado “en la lucha y defensa de nuestro equipo, nuestro barrio y nuestra forma de entenderlo siempre limpia de racismo y fascismo”.

Explicado el primer punto, ahora nos toca el segundo, mucho más complejo: Ucrania. Intentaré hacerlo, claro, a través del fútbol y de la historia de su equipo más popular, Dinamo de Kiev. Se llamaba FC Start y algunos de sus jugadores murieron en campos de concentración porque se negaron a perder en 1942 ante Flakelf, el equipo de la aviación alemana, en plena ocupación nazi. De héroes de la resistencia, algunos de sus jugadores, pasaron sin embargo a ser tachados como “cómplices del nazismo” cuando Ucrania quedó luego bajo dominación de la exUnión Soviética. Los acusaron de no haberse retirado de la liga en manos del nazismo. En 2013, barras del Dynamo Kiev y de otros equipos combatieron juntas en Maidan, la Plaza de la Independencia. Eran manifestaciones proeuropeas y nacionalistas, antirrusas. Hinchas de distintos clubes que solían pelearse entre sí pusieron cuerpo y organización. Los mismos barras que en la Eurocopa de dos años atrás eran señalados como los más racistas y antisemitas de Europa pasaron a ser descriptos entonces como guardianes de la democracia. Estaban los del Karpaty Lviv, que iban a la cancha con carteles que decían “Una raza, una nación, una patria”, miembros del partido de ultraderecha Svoboda cuyo icono es Stepan Bandera, héroe nacionalista, pero acusado de colaborar con los nazis.

“Bukaneros –dice su página oficial- es un colectivo rayista” formado “en la lucha y defensa de nuestro equipo, nuestro barrio y nuestra forma de entenderlo siempre limpia de racismo y fascismo”

En ese contexto de fuerte sentimiento nacionalista creció Roman Zozulya, jugador del Kiev que Betis cedió la semana pasada a préstamo a Rayo Vallecano. Acaso previsible, apenas se enteraron de las simpatías políticas de Zozulya y de sus vínculos con el ejército y grupos paramilitares de Ucrania los hinchas de Rayo Vallecano (no sólo los Bukaneros) dijeron que no lo querían en el club. Zozulya, de 28 años, grita y jura a través de los intérpretes que no es nazi y que sólo quiere jugar al fútbol. Solidario, el plantel de Betis posó con él. Sus hinchas radicales lo apoyaron y, de paso, vivaron a Franco. El sindicato de jugadores de España reivindicó su derecho a trabajar y la Liga de España anunció acciones legales contra los hinchas que lo amenazaron.

Apenas se enteraron de las simpatías políticas de Zozulya y de sus vínculos con el ejército y grupos paramilitares de Ucrania los hinchas de Rayo Vallecano (no sólo los Bukaneros) dijeron que no lo querían en el club

La Liga es liderada por Javier Tebas, muy vinculado políticamente con la derecha nacionalista de España y que acaso busca saldar cuentas de viejos enfrentamientos con Bukaneros. Suele afirmarse que política y fútbol no deberían ir de la mano. Pero van. Suele afirmarse también que a los hinchas sólo les interesa ganar y que toleran todo a cambio de un gol. No los de Rayo Vallecano, que reivindican una identidad. Ellos sostienen que no discriminan por ideología y que, de hecho, sólo piden compromiso y solidaridad a técnicos y jugadores. Eso sí. No toleran nada que se acerque a nacionalismos que discriminen según raza o religión. Y hay fotos y textos en la web que, más allá de matices, muestran que Zozulya, si no por acción, acaso pecó por omisión. A muchos hinchas podría no importarles. A los del Rayo sí.

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