El hecho de que la persistente ola de calor que castiga a la Región desde hace más de una semana se haya convertido en una de las cuatro más extensas de que se tenga registro a nivel local, tal como lo confirmaron desde la Agencia Hidrometeorológica de La Plata, subraya la necesidad de que la población tenga presente y atienda las recomendaciones necesarias para no sufrir los efectos propios de las elevadas temperaturas que vienen registrándose en verano y que podrían proyectarse, cuanto menos, al venidero mes de marzo.
Tal como se informó, con ocho días seguidos en los que las temperaturas mínimas se han mantenido entre los 20 y los 25 grados, y las máximas han arañado los 35, la Región viene padeciendo una situación climática en extremo excepcional. Tanto es así que sólo se registran tres ocasiones comparables en más de un siglo a nivel local.
Los meteorólogos detallaron que la ola de calor más intensa fue la llamada “semana de fuego”, que se presentó entre el 1° y el 8 de febrero del año 1900 y que dejó por saldo decenas de muertos en la Ciudad. Indicaron que se conformó con ocho días seguidos, en los que el más fresco no bajó de 24 grados de mínima, y todos los demás tuvieron mínimas de 27 y máximas de 37. Recordaron que en aquel caso de hablaba de temperatura propiamente dicho, no de sensación térmica que en esa época no existía como medición.
Lo cierto es que, a pesar de haber pronóstico de lluvia y tormentas para la semana en nuestra región, capital federal, Centro, Cuyo y Noroeste del país, el Servicio Meteorológico Nacional informó que sólo habrá disminuciones parciales de la temperatura y que la ola de calor se mantendrá al menos hasta el viernes 3 de marzo.
Por cierto que el “alerta rojo” dispuesto el sábado pasado por las autoridades implica un nivel de advertencia propio de ocasiones excepcionales, en los que la ola de calor puede afectar a todas las personas saludables y no sólo a los grupos de riesgo. Como se sabe, el golpe de calor es la primera y más grave consecuencia de la prolongación de las altas temperaturas y, desde luego, puede resultar más severo cuando los afectados son bebés, niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas.
Desde las áreas sanitarias se aconseja prevenir esta grave alternativa con hidratación permanente –incluso si no se tiene sed-; ropa liviana; dejar de exponerse al sol entre las 10 y las 16 y no realizar actividad física de alto impacto. Se destaca también que las señales del golpe de calor varían de una persona a otra, pero suelen incluir una temperatura corporal extremadamente elevada -por encima de 39.5 grados-, dolor de cabeza, náuseas, mareo y piel enrojecida, caliente y sin sudor.
Pero es evidente que en muchos casos, por ejemplo, las simples exposiciones solares, además de impulsar mecanismos de prevención y de eventual tratamiento, el Estado debería ocuparse de modificar estructuralmente el hábitat muchas veces inhumano, en el que viven miles de niños y ancianos obligados por las circunstancias.
Se habla de familias numerosas, integradas muchas veces por ciudadanos que carecen de posibilidades de acceder a condiciones de vida más dignas, en situaciones que no colaboran precisamente para que puedan adoptar recaudos preventivos mínimos.
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