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Miguel Angel Alza

Miguel Angel Alza

Por Redacción

Su fallecimiento

Excelencia profesional, calidez humana y una entrega sin reparos a los suyos, caracterizaron la trayectoria vital de Miguel Angel Alza, reconocido médico oftalmólogo que falleció en nuestra Ciudad a los 71 años.

A lo largo de cuatro décadas, desplegó una sólida carrera por la que fue respetado y valorado por colegas y pacientes. Por eso su fallecimiento causó profundas muestras de pesar en distintos círculos platenses, donde lo recordaron como un hombre íntegro y afable que “amaba lo que hacía”.

Nacido en La Plata el 15 de mayo de 1945, Alza inició la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de La Plata al terminar la secundaria en el Colegio Nacional.

Obtuvo su graduación universitaria en Medicina en mayo de 1970, pero su formación profesional se prolongaría pronto con un título de Especialista en Oftalmología -expedido por el Colegio de Médicos de la Provincia- en 1973; y de Especialista Jerarquizado en la misma área, obtenido en 1994.

A lo largo de su carrera nunca descuidó su formación. En su constante búsqueda de la excelencia participó, a su vez, de incontables congresos, cursos y seminarios médicos en todo el país.

Con firme compromiso por su labor, desarrolló una vasta trayectoria en diferentes centros de salud platenses. Siempre dentro de la especialidad de la oftalmología, entre 1979 y 1997 se desempeñó en el Hospital Naval. También desarrolló una destacada actividad en los hospitales Gutiérrez, San Juan de Dios, Sor María Ludovica y San Martín, todos de nuestra ciudad.

Asimismo, a lo largo de más de cuatro décadas ejerció la profesión de forma liberal en distintos consultorios particulares y clínicas privadas, por las que pasaron centenares de pacientes que ponderaban su trato cordial y el esmero y dedicación que ponía para atenderlos.

Profesional reconocido en el ámbito médico, solía mantener pese a todo un perfil bajo, y el hogar familiar era el ámbito en que se sentía más a gusto. Pasar tiempo con los suyos era para él una manera de celebrar la vida y lo hacía cada vez que podía.

Liliana Matilde Apra fue el amor de su vida y con ella construyó el proyecto familiar que siempre quiso. Se conocieron a principios de los ‘70s y se volvieron inseparables. Les bastaron seis meses de noviazgo para el 27 de marzo de 1971 contraer matrimonio en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de calle 58 y 9.

El amor que sentían el uno por el otro se prolongó en dos hijos, Marcelo Martín y Federico Tomás, ambos profesionales en áreas vinculadas a la Salud, quienes siguieron, de alguna manera, la senda de su padre.

En sus últimos años, ya jubilado, disfrutó además del cariño de sus dos nietos, Conrado y Adolfina, a los que adoraba y con quienes fue un abuelo cómplice y bondadoso.

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