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El fútbol, agradecido

Por Eduardo TucciOpinion

Barcelona tenía algo guardado para mostrar además de todo el fútbol que ha generado en su notable campaña: el carácter. Al talento de siempre, en los momentos decisivos, le adicionó la valentía necesaria para dar vuelta una parada difícil y vengar la dura caída ante el PSG en el partido de ida.

Sin importarle el poco margen de maniobra que le quedaba, con pocos minutos por delante para intentar lo imposible, sacó fuerzas e hizo realidad un partido inolvidable, histórico que si bien determinó el pase a los cuartos de final de la Champions League tuvo todas las características de una gran final.

De aquí en más habrá que abstenerse de pensar que este grupo ha hecho todo lo que se podía esperar de un equipo de fútbol porque las evidencias demuestran que siempre queda una hazaña por concretar. Nadie, a excepción de los hinchas del PSG naturalmente, quedó ajeno a la memorable remontada del miércoles a la noche y el mundo deportivo quedó rendido a los pies de una escuadra que nunca se rinde.

Porque si el 4-0 que hacía falta para remontar la historia ya era una empresa casi imposible de imaginar, ni hablar del impacto que significó el gol de Cavani. Pero, lejos de amilanarlo, el Barcelona hizo posible que ese 3-1 pasajero se transformara en la puerta de ingreso a uno los episodios más notables de la historia del fútbol.

Quedaban tres minutos para los 90 y la escuadra de Luis Enrique -¿se irá ahora?-, mantenía una ventaja en el marcador que no le servía para nada en lo que a la clasificación se refiere. Ese triunfo era insuficiente para evitar la primera eliminación en los octavos de final desde 2007 cuando el Liverpool lo dejó sin nada. Pero quedaba por escribirse el mejor capítulo de esta historia, la que tuvo como principal protagonista el corazón del gran campeón.

El Barça más endiablado que nunca, empujado por un Neymar arrollador, se apoderó de la escena, inclinó la cancha y apabulló a un rival que parecía vencido aún antes de consumarse el 6-1. Pese al apuro, transmitía más tranquilidad que un rival acurrucado y cargado de dudas. De allí a la hazaña quedaba un solo paso y los jugadores se encargaron de darlo.

Con la valentía que requería tamaño desafío, el Barcelona terminó respondiendo a su mística. Esta vez sin depender exclusivamente de la magia de Lío Messi, dejó sin espacios al temeroso planteo del equipo francés y volvió a demostrar que en el diccionario azulgrana la palabra imposible no existe.

Con el correr de las horas los ecos de la hazaña lejos de apagarse parecen reavivarse. No fue un partido más. El fútbol, agradecido...

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