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ALERTAN POR UN PREOCUPANTE ESTANCAMIENTO EN SU TASA DE PARTICIPACION

Tras décadas de conquistas laborales, cada vez más mujeres sólo trabajan en su hogar

En un mercado laboral deprimido, la desigualdad de oportunidades con respecto a los hombres ha terminado frenando su acceso a empleos formales

Tras décadas de conquistas laborales, cada vez más mujeres sólo trabajan en su hogar

Aunque tiene un título universitario y experiencia profesional como abogada, Laura Cortiso no ha podido volver a tener un empleo formal desde que hace cuatro años renunció al último para dedicarse a la crianza de su primer hijo, Manuel. “Propuestas tuve, pero hasta ahora ninguna que me cierre económicamente. Y no es tampoco que aspire demasiado: pero lo que podría llegar a ganar si las aceptara es menos de lo que nos costaría pagarle a una chica para que cuide a Manu el tiempo que voy a estar fuera de casa y nos dé una mano con las tareas domésticas que hoy hago yo”, resume.

En un mercado laboral en baja, la desigual de oportunidades que siguen teniendo las mujeres con respecto a los hombres ha llevado a que su participación en el mundo del trabajo rentado se haya terminado de frenar. El fenómeno, que ya había sido advertido hace un año por un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de La Plata acaba de ser confirmado por una comisión de Naciones Unidas a través de un documento que hizo público el miércoles por el Día de la Mujer.

“La tasa de participación laboral femenina se estancó en 53% y sus índices de desempleo han sido sistemáticamente mayores que los de los hombres a lo largo de la última década. Si bien en 2016, la tasa de desempleo regional aumentó en promedio 0,5 puntos porcentuales respecto al año anterior, el incremento para las mujeres fue de 0,7 puntos porcentuales y para los hombres de 0,3”, alertó la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) instando a impulsar políticas destinadas a que ellas tengan acceso a una mayor oferta de empleos de calidad.

Y es que además, según advirtió el organismo de la ONU, en las condiciones actuales el 78,1 por ciento de las mujeres con empleos formales trabajan en sectores definidos como de “baja productividad”, lo que implica peores remuneraciones, baja cobertura de la seguridad social y menor contacto con las tecnologías y la innovación.

UN DURO REVÉS

Hace más de medio siglo la tradicional división de trabajo entre hombres y mujeres comenzó a cambiar. Miles de amas de casas empezaron a incorporarse al mercado laboral impulsando una verdadera revolución. Mientras que en la década del 60 apenas dos de cada diez mujeres tenían un empleo en América Latina, hoy son en promedio más de seis. Pero con la llegada del siglo XXI algo cambió.

La tasa de participación femenina que durante la década del 90 crecía a razón de un punto porcentual por año, a partir del 2000 comenzó a reducirse a un tercio y en algunos países de Latinoamérica, como el nuestro, directamente se detuvo. Así lo reveló en marzo del año pasado una investigación del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, acaso la primera voz de alerta sobre un fenómeno tan desatendido por los gobiernos como potencialmente perjudicial.

“Los últimos datos que tenemos son de hace más de un año, ya que la Encuesta Permanente de Hogares se publicó sólo hasta el segundo trimestre de 2015. De cualquier forma, el fenómeno es muy claro: la tasa de participación de las mujeres está estancada desde hace tiempo en Argentina. Lo que en varios países es desaceleración en el caso argentino es directamente estancamiento. Son tantas las mujeres que entran como las que salen del mercado laboral, lo que implica una tasa de participación sin cambios”, explicaba Leonardo Gasparini, director del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), y uno de los responsables de la investigación.

Como señala Gasparini, “el segmento donde el fenómeno resulta más claro es el de las mujeres más vulnerables, aquellas con pocos años de educación formal y baja empleabilidad. Dentro de este grupo en general, el estancamiento se ha dado más en mujeres casadas o en pareja y con hijos. En el último medio siglo ha habido una tendencia mundial a una reducción en la brecha entre las mujeres con más oportunidades económicas y aquellas más vulnerables en términos de participación laboral (aunque no en términos salariales). En el caso argentino esa tendencia a la reducción de la brecha se detuvo porque dejó de crecer la participación laboral de las mujeres más vulnerables”.

QUÉ CAMBIÓ

Extendido ya por toda América Latina, el estancamiento de la participación femenina en el mundo laboral habría tenido en Argentina un trasfondo particular. “La recuperación económica después de la crisis de 2001 y algunos programas sociales permitieron a muchas mujeres vulnerables no salir a buscar trabajo con urgencia, dada la mejora en la situación económica en sus hogares. Lo preocupante es que esa situación parece haberse cristalizado, y la salida de las mujeres al mercado laboral no repunta, posiblemente por falta de nuevas oportunidades en un mercado laboral deprimido, y por la falta de políticas activas para fomentar el empleo femenino. Me refiero a la falta de políticas tanto de este gobierno como especialmente del gobierno anterior que convivió diez años con el problema”, señala el director del CEDLAS.

Al analizar el fenómeno en forma más general, Gasparini explica que “la participación de la mujer en el mercado laboral está limitada por muchos condicionamientos sociales y culturales que no se aplican, o son más débiles, en el caso de los hombres. Si bien los cambios positivos en el rol de las mujeres han sido gigantescos en los últimos 50 años, aún persisten muchos factores limitantes. Uno de los centrales está vinculado con las tareas domésticas, incluido el cuidado de los niños y adultos mayores, que en Argentina como en el resto de América Latina todavía recae en una enorme proporción sobre las mujeres. Ese factor cultural se suma a la escasa ayuda por parte de las políticas públicas para aliviar el problema. Por ejemplo es muy limitada la oferta de jardines maternales públicos gratuitos situados en barrios de población vulnerable”, resalta el investigador.

Lo mismo señala Alicia Bárcena, la secretaria ejecutiva de la CEPAL. “Los indicadores laborales en América Latina siguen exhibiendo grandes brechas de género en el acceso a oportunidades y derechos entre hombres y mujeres. Las desigualdades tienen su base en un sistema social que reproduce estereotipos y conserva una división sexual del trabajo que limita la inserción laboral de la mujer”, explica

Para poder revertir esta situación que tiene un alto costo social para los países dado que incrementa sus índices de pobreza, “las políticas de empleo deberían ser capaces de modificar la actual estructura de desigualdad, asumiendo los sesgos de género existentes en el mercado laboral –sostiene Bárcena-. Pero además deberían reconocer y redistribuir el tiempo de trabajo no remunerado, de manera que la responsabilidad del cuidado de los niños, personas dependientes y adultos mayores no recaiga exclusivamente sobre la mujer”.

 

 

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