Netflix cierra su primera tanda de shows con los superhéroes de Marvel con el estreno, este viernes para todos sus clientes, de “Iron Fist”, el elemento faltante del grupo de superhéroes que harán equipo en “The Defenders”, una especie de “Avengers” urbanos y más realistas que los héroes que conquistan la pantalla grande.
De hecho, esa fue la gran apuesta de Netflix a la hora de producir shows para la fuerza más importante de la industria cinematográfica hoy: las películas de Marvel se caracterizaban por un cine limpio, para toda la familia, con poca sangre, poco riesgo y mucha espectacularidad; Netflix trabajó con mucho menos presupuesto, lo que lo llevó a crear una estética sucia, realista, con coreografías de pelea cuerpo a cuerpo filmadas sin “pantalla verde”, con muchas lesiones, personajes al borde de la muerte constantemente y un escenario sórdido, la Cocina del Infierno, que se alejaban de los modos de Marvel y apelaban a otra audiencia.
La incursión de Netflix en este territorio con la sorpresiva “Daredevil” fue celebrado por la crítica y el público, bastante crítico de las series “para toda la familia” que Marvel había creado hasta la fecha (“SHIELD” y “Agent Carter”) y que a pesar de que conectaban mucho más con las tramas de las exitosas películas, conectaron mucho menos con la audiencia que la apuesta del servicio on demand.
Siguieron la también aplaudida “Jessica Jones” y la menor “Luke Cage”: los protagonistas de estas series son tres los cuatro elementos que en algún momento de este año (todavía no hay fecha confirmada) se congregarán en “The Defenders”, una agrupación de superhéroes que intentará frenar amenazas más terrenales pero no menos despiadadas que las que se ven en los cines.
EL CUARTO ELEMENTO
El cuarto elemento es “Iron Fist”: con fecha de estreno este viernes, la serie relata el regreso a Nueva York del multimillonario Danny Rand (Finn Jones), quien vuelve a su ciudad en busca de reconectar con su pasado y reclamar su legado familiar después de años de estar desaparecido.
Claro que la ausencia de años de Danny tiene una razón: ha pasado su tiempo entrenando en artes marciales y convirtiéndose en un monje budista capaz de invocar el Puño de Acero, motivo por lo cual Jones, recordado por su papel como Loras en “Game of Thrones”, estudió kung fu, tai chi, filosofía budista y meditación.
Semejante poder, claro, encontrará en su regreso numerosas razones para ser utilizado en una corrupta ciudad que, en su eje, tiene a la poderosa empresa familiar de Rand.
La serie ya está envuelta en polémicas, ya que en un medio cada vez más preocupado por no estereotipar y representar la diversidad de orígenes que constituyen ese crisol de razas que es Estados Unidos, muchos señalaron a Rand como “el gran salvador blanco”, una figura frecuente en el cine de Hollywood: un hombre blanco estadounidense llega a una cultura exótica y extranjera, y no solo se convierte en un maestro de sus artes y secretos sino que se erige como un salvador, como Tom Cruise en “El último samurai” o Matt Damon en “La gran muralla”.
El creador de la serie, Scott Buck, respondió que no estaba al tanto de las controversias en torno al personaje del comic, pero que según sus guiones, Rand, un huérfano atribulado, “está intentando a lo sumo salvarse a sí mismo”.
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