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Los arcos no miden lo mismo

Por Redacción

Gracias a las atajadas de Martín Arias, la zurda de Alemán y la inacción de Nelson Ibáñez, Gimnasia ganó en Victoria. Desde 1958 no le ganaba a Tigre de visitante. 

 

     Aguantar. Sufrir y aguantar...y las manos de Alexis. Y cuando el 0x0 era negocio, más aún de los corazones paralizados con esa mano de Licht (sin intención, pero con los raros mandatos nuevos de FIFA nunca se sabe), el uruguayo Alemán llevó la pelota, la llevó, la llevó, enganchó, buscó el hueco...No solamente lo encontró, el zurdazo fue seco, fuerte, con la pierna casi sin recorrido y Nelson Ibáñez haciendo de estatua viviente. Gol, grito, festejo, tres puntos. Desahogo.
       La gran diferencia de la tarde-noche es que Alexis Martín Arias hizo chiquito su arco y para Alemán, el arco de Nelson Ibáñez fue enorme. Ahora bien, si hablamos de juego, rendimiento colectivo y actuaciones individuales, ahí es otro cantar. La sonrisa se convierte en mueca y no se duerme tan tranquilo. Gimnasia sufrió por afuera y lo desequilibraron por adentro. Oreja y Licht no la pasaron bien, Guanini penó en el segundo tiempo, a Rinaudo le costó ganar el medio, Nico Ibáñez no pudo, Carrera se diluyó tras el inicio, Mazzola no inquietó. Las manos de Alexis Martín Arias mantuvieron al Lobo siempre en partido, más allá de los errores en la definición de los de Troglio. Y siempre quedaron flotando dos sensaciones: que de la zurda de Alemán nacen cosas buenas y que había espacio, que una Gimnasia iba a tener. Más, después de la insólita expulsión de Godoy. 
       El ingreso de Lucas Lobos le dio fútbol al equipo. Un socio para Alemán. Para todos. Lobos ya no gana en velocidad ni tiene un físico que intimide, pero toca y va, y se muestra y vuelve a tocar. En ese contexto, no extrañó una habilitación exquisita de Lucas a Oreja (Herrera cobró offside que no pareció) ni que Alemán dejase solito a Matos con el arquero Ibáñez. Matos no definió como ante Quilmes y el arquero rechazó con su pierna izquierda. Parecía la única, pero no lo fue: Brahian Alemán tenía la zurda calibrada para el tiro del final.
       Más allá de los análisis que son necesarios para mejorar, ganar ayuda a que las mejorías se intenten desde la tranquilidad. Tal vez le toque a Lobos, tal vez le toque a Matos. El objetivo es que el equipo encuentre solidez defensiva (no la tiene) y una impronta (en eso está). Con esos requisitos, partidos como éste los podrá sacar adelante sin sufrir tanto. Aunque ganar en esa cancha después de 59 años (12 partidos) no está mal. Nada mal. Más allá de que no se haya jugado como los hinchas, los jugadores y el propio Alfaro quieren. 

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