Hubo un tiempo en el que los padres se preocupaban cuando sus hijos empezaban a salir de noche. Ahora se preocupan cuando empiezan a salir, a secas. Si había un lugar que parecía de alguna manera protegido era la escuela, que por supuesto incluye el momento de la entrada y la salida. Hace mucho, sin embargo, que las puertas de los colegios se han convertido para los chicos en una zona de alto riesgo. EL DIA se ha ocupado muchas veces de esta problemática. Pero nada parece haber cambiado. Lo demuestra el episodio sobre el cual se informa en esta página.
Ahora los padres y los propios alumnos viven con miedo. Ni siquiera es una garantía ir a buscar a los chicos a la puerta de la escuela. En un segundo pueden ser víctimas de un asalto.
Alrededor de los colegios actúan pequeñas bandas delictivas “especializadas” en arrebatos. Roban celulares, computadoras, camperas, zapatillas. La mayoría son delincuentes juveniles que formarían parte de un circuito en el que se comercializan esas cosas robadas.
Las víctimas son chicos de 12 a 16 años en estado de máxima indefensión.
Hace un tiempo un reportero gráfico de EL DIA captó la secuencia de un típico asalto de este tipo. La víctima era un alumno del Albert Thomas que caminaba por avenida 1. La imagen retrataba con nitidez el modo de operar del delincuente y la extrema vulnerabilidad de la víctima.
La reiteración de hechos, la angustia y el reclamo de los padres, la denuncia pública, no ha servido sin embargo para revertir la situación. ¿Tan difícil es proteger a los chicos en el horario de entrada y salida de las escuelas? ¿Puede ser que no haya presencia policial en lugares donde se sabe que hay robos todo el tiempo y donde las víctimas son chicos? ¿Habrá que esperar que apuñalen a un alumno para que se dispongan medidas preventivas?
La inseguridad ha cambiado la vida de las familias y de las ciudades. A los padres, atemorizados, les cuesta cada vez más “soltar” a sus hijos. Los llevan y los van a buscar al colegio hasta bien avanzada la adolescencia. Es una de las causas del caos vehicular que se produce en los alrededores de los colegios.
Sin embargo, estas precauciones no resultan suficientes. Las bandas han demostrado mayor efectividad que la Policía para actuar en esos escenarios. Y eso que no son, por supuesto, organizaciones delictivas sino -en general- “pibes chorros” que intimidan a sus víctimas con armas blancas.
El llamativo episodio que protagonizó un juez platense frente al robo que acababa de sufrir su hijo (ver nota central en esta página) tuvo como escenario la Escuela Italiana. Pero esto ocurre en casi todos los colegios de la Ciudad. En el Nacional, por ejemplo, el año pasado hubo muchísimos alumnos a los que les robaban en la puerta o a pocos metros del colegio. Lo mismo en el Liceo, en el Albert Thomas, en el Normal 3, por citar sólo algunos ejemplos.
En todos los casos se repiten las mismas observaciones: falta de presencia policial; autoridades educativas que se declaran impotentes; padres angustiados y chicos con miedo.
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