“Todos sabemos que los piquetes implican el `pisoteo`del derecho ciudadano a circular libremente. El reclamo muchas veces es justificado, pero no debería alterarse la vida de los que van a trabajar, a estudiar, a asistir a alguien o a cumplir otras obligaciones. El Gobierno ha prometido un protocolo antipiquetes que, hasta donde sabemos, nunca se ha puesto en práctica.
“Escuchamos que no quieren reprimir y nos imaginamos que hay temor a los excesos. La Policía ha dado muestras, muchas veces, de no saber manejar estas situaciones con el debido profesionalismo.
“Hace unos años me tocó ver en una ciudad extranjera cómo disolvían una manifestación con agua. No utilizaban palos, ni balas de goma. Lo hacían con mangueras que despedían fuertes chorros de agua para dispersar a los manifestantes. Aquí hemos visto ese recurso en las canchas de fútbol. ¿No sería una alternativa para desalojar piquetes cuando se hayan agotado las instancias de diálogo? Por supuesto que lo mejor siempre es el entendimiento, pero la realidad muestra otra cosa”.
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