Los pinceles que utilizamos para maquillarnos van juntando restos de los productos cosméticos, polvo y partículas sebáceas del cutis. Al volver a utilizarlos, todas esas partículas pueden quedar en la piel y tapar los poros, lo que a su vez genera granitos o irritación. Lo ideal es lavar de vez en cuando el pincel. ¿Cómo hacerlo? Los especialistas recomiendan colocarlo en un recipiente con agua tibia y un shampoo suave. Haz movimientos circulares con el pincel y luego enjuágalo con agua corriente.
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