En Quintuco, en un paraje remoto e inhóspito de 200 hectáreas cerca de la cordillera neuquina, se erige una imponente obra de ingeniería: una parábola gigante que con toda su estructura de engranajes pesa unas 450 toneladas y con la que China buscará conquistar primero la Luna y, en un futuro no muy lejano, Marte.
Luego de años de idas y vueltas con la construcción de la nueva estación espacial china -que involucra al gobierno de ese país, a la provincia de Neuquén y a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), y que recibirá señales desde los 380.000 kilómetros de distancia que separan a la Tierra de la Luna-, la megaobra ya está terminada.
Apenas falta que la Encom dé el visto bueno al uso de las frecuencias designadas y, el plato más fuerte, que China determine el “Día D” del lanzamiento al espacio desde Asia de la sonda lunar Chang’e-5, cuando se estrenará formalmente la antena ubicada en plena Patagonia argentina.
EL DIA “D”
“Aún no está determinado, pero es posible que lo hagamos este año, depende de muchos factores”, señala el jefe de la estación de CLTC -la firma china que lleva adelante el proyecto- Wang Jizho.
En un principio, el “Día D” fue previsto para 2017, pero hubo demoras. En julio del año pasado, quien tiene a su cargo el programa de exploración lunar Chang’e, Wu Weiren, postergó la fecha para “la segunda mitad del 2017”, y en enero último, el China Daily News reveló que la largada sería en noviembre, tras citar fuentes de la China Aerospace Scienceand Technology Corporation (CASC).
“Inicialmente, la antena se utilizará para hacer soporte al proyecto de exploración lunar, con intercambio de datos e imágenes de las muestras recopiladas allí, pero en un futuro también servirá para explorar Marte”, señalan los científicos chinos que trabajan en nuestro país.
Mientras tanto, la inmensa parábola de unos 35 metros de diámetro que pesa 450 toneladas, ya está lista para la misión.
En su emplazamiento, el suelo es desértico, las napas de agua están secas y hay muy poca vegetación. Literalmente, es la nada misma, pero el terreno es propicio para transmitir señales porque no hay interferencias, una “olla” entre montañas de la precordillera de los Andes donde hay vientos que llegan a ser tornados en verano, aunque la antena está preparada para soportar ráfagas de hasta 170 kilómetros por hora.
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