Cuando Julio García (70), jubilado de Gambier, empieza a enumerar los inconvenientes con los que convive desde hace cinco días por el colapso de la red clocal, parece no terminar nunca: no puede abrir las canillas de su casa, porque cuando lo hace brotan aguas servidas de cualquier rincón; tampoco puede usar los sanitarios, que rebalsan cada vez que tira de la cadena; tiene el patio inundado de desechos clocales y los olores nausebundos parecen enquistados en el ambiente.
“Así no podemos vivir”, dice desde su casa de 52 entre 136 y 137, preocupado por la posibilidad de que algún miembro de su familia contraiga alguna enfermedad por las condiciones en la que se encuentra el inmueble, invadido por desperdicios de la red cloacal. Todos los vecinos de ese barrio pasan, por estas horas, el mismo calvario.
“Tengo la casa llena de agua servida. Todos tenemos el mismo problema. Nos cansamos de llamar a Absa y nadie hace nada”, se quejó.
El vecino comentó que lejos de ser la primera vez que atraviesan este drama, “es algo frecuente, porque cuando hicieron las cloacas, hace más de tres décadas, en el barrio había pocas casas. Creció muchísimo y nunca hicieron más inversiones en infraestructura”.
Otro motivo de preocupación es la salud de los chicos, ya que Julio vive con su mujer, pero en una casa contigua reside la familia de su hija con los cinco nietos del jubilado. “Ella está embarazada y no puede vivir en estas condiciones”, se quejó.
Reclaman que Absa desagote la red cloacal de forma urgente.
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