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Los muros del norte

Por Redacción

No fueron construidos para protegerse de los inmigrantes como pretende Donald Trump en Estados Unidos. Ni tampoco tomaron la idea alemana “antifascista” para separar a Berlín a principios de los años 60. Y mucho menos la de China con su Gran Muralla. En el norte platense los muros existen hace rato y tienen un motivo: la creciente ola de inseguridad.

Los cercos verdes ya son casi una especie en extinción por el miedo a ser atacado. Y ese temor vecinal le cambió la cara a muchos barrios de Gonnet, City Bell y Villa Elisa. Hoy se levantan muros donde debería haber ligustrinas. Hoy se levantan muros donde apenas podría haber una reja. Hoy se levantan muros donde antes se construía una parecita que sólo servía para delimitar a dónde comenzaba el terreno de la vivienda.

Los cercos verdes ya son casi una especie en extinción por el miedo a ser atacado. Y ese temor vecinal le cambió la cara a muchos barrios de Gonnet, City Bell y Villa Elisa. Hoy se levantan muros donde debería haber ligustrinas. Hoy se levantan muros donde apenas podría haber una reja

El verde desaparece poco a poco y el cemento gana cada vez más terreno, en una zona que intenta ser una alternativa de paz visual al caos urbano. No se trata de estilos arquitectónicos y ni siquiera de cuidar la intimidad. Es una cuestión meramente de protección contra la delincuencia, que golpea fuerte especialmente en esta zona de la Ciudad.

Los pocos que se animan aún hoy a mantener los cercos terminan sucumbiendo cuando la ruleta los designa. Ahí sí que no queda otra y la idea de apilar ladrillos termina ganando por goleada. Porque ya nadie quiere quedar desprotegido y no hay alternativas ecológicas –o salen muy caras- para matizar los efectos del muro.

¿Son efectivos? Claro que no, pero al menos ayudan a ser un obstáculo más a quienes intentan violar la seguridad de los vecinos, e incluso generan una sensación de protección. Como contrapartida son un barrera a lo natural, algo que siempre caracterizó a estos barrios.

Ni inmigrantes, ni fascitas. En el norte platense los muros se levantan uno tras otro para darle batalla a la inseguridad. Una batalla que está muy lejos de ser ganada.

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