Con la música a cuestas
Edición Impresa | 28 de Marzo de 2017 | 03:43
Turucuto es una palabra que se escucha mucho en Tucumán para definir a ese modo de cargar a los niños que tienen los padres al que algunos conocen como “cococho” y, otros, como “caballito”. Esta definición, que revela quizás el sentido más solidario de las personas (dicen los chicos que “las espaldas nunca se cansan de cargar al otro porque el amor no es una carga, es una elección”), agrupa desde hace cuatro años a Mechi Maiztegui y Roque Céliz, un dúo abajo y arriba de los escenarios que ofrece una propuesta pocket de música popular con sensibilidad poética.
Platense ella y tucumano él, la fusión cultural es sin dudas una gran aliada en este dúo que se formó como un desprendimiento de un formato un poco mayor, “Papeles sueltos y encontrados”, en el que diferentes disciplinas jugaban a desencontrarse en vivo, conviviendo, sin embargo, en una mágica comunión.
Del norte, Céliz no sólo se trajo el piano sino aquellos olores, colores y sensaciones naturales que se traducen en sonidos populares, y que le permiten matizar de paisaje su canción. El equilibrio con la urbe lo aporta Maiztegui, con su calidez interpretativa y una sensibilidad a flor de piel con la que se apropia de esas imágenes tan sentidas que salen de su boca.
A dos años de su debut discográfico homónimo, Turucuto volvió al ruedo con “Llenos de luna, bajan al mar”, un álbum que fue grabado en vivo, incluyendo en la grabación un piano acústico, y en el que le dieron rienda suelta a la improvisación.
“No teníamos armados los arreglos de los temas aunque ya veníamos tocando algunos. Nos montamos a un río y fuimos atravesando distintos estados, esa era la idea. No teníamos una orilla cerca y la idea era no caerse, como en un kayac, decidimos montar el lomo de un río intenso”, contaron los chicos, en relación a la espontaneidad con la que decidieron abordar esta placa.
El resultado fue un manojo de canciones compuestas en su totalidad por Roque Céliz, con fuertes guiños al folclore, al jazz y a la música experimental. “Fue una experiencia donde verdaderamente nos dejamos llevar por lo que queríamos decir para que, con sus aciertos y con sus limitaciones, el disco tuviera vida”, explicaron.
A la hora de componer, son varios los disparadores que surgen. Pero en el caso de Roque la vivencia y la curiosidad son fundamentales. “A veces las vivencias eran espontáneas y otras veces forzaba algunas que me disparen ideas, como caminar bajo la lluvia. Esa, particularmente, sólo me trajo una gripe tremenda (risas). Eso es así porque comencé a prestar atención y me di cuenta que las ideas me bajaban mientras estaba siendo parte de un momento”, reveló.
De todos modos, aclaró que a su entender “las búsquedas cambian con el tiempo, porque lo que se encuentra deja de ser búsqueda. No sé si lo que se busca puede materializarse en un disco tampoco, quizás el disco solo sea un pedacito de un espejo roto que refleja una parte de esa búsqueda”.
Con voz de Mechi Maiztegui, piano y teclados de Roque Céliz, batería y percusión de Fernando Bruno, y contrabajo de Jona Schenone (en “Murmullo de un río” y “MDG”), “Llenos de luna, bajan al mar” fue grabado y mezclado por Fernando Taverna en Estudio 0618, con asistencia de Ariel Hubert, masterizado por Gustavo Fourcade en Steps Ahead Sounds. Producido independientemente, el arte de tapa le corresponde a Pablo Gutiérrez y el diseño a Mariana Iñigo.
El próximo jueves 11 de mayo en el Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131, CABA), Turucuto presentará este nuevo material, inaugurando la gira de presentaciones en distintas localidades y provincias como Santa Fe, Córdoba y Tucumán.
Mientras tanto, Roque y Mechi se mantienen activos con funciones de “Papeles sueltos y encontrados” -ensamblando a diferentes artistas del lugar donde se presenten-, y con su proyecto más personal “Turucuto con el piano a la calle”.
“Fue una experiencia donde verdaderamente nos dejamos llevar por lo que queríamos decir para que, con sus aciertos y con sus limitaciones, el disco tuviera vida”
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