Ha pasado los últimos 35 años interpretando cumbia colombiana con su acordeón, un instrumento con el que debía, por mandato cultural, tocar polkas, redovas y corridas, entre otros ritmos del norte mexicano, donde nació. Por eso es que a Celso Piña lo bautizaron como el “rebelde del acordeón”, porque lejos de seguir por el camino establecido, se animó a hurgar e innovar con la música colombiana, convirtiéndose en un referente de su género en la región.
“Yo soy un hombre muy inquieto”, dijo, desde el otro lado de la línea, este cantante y compositor mexicano nacido en 1953, en un descanso de su gira por Brasil, en donde se ha presentado en San Pablo y Belo Horizonte, antes de arribar a nuestro país, en donde tiene actuaciones confirmadas en Córdoba, Buenos Aires y capital federal.
Autodidacta, Celso la hubiera tenido más fácil si hubiese optado por seguir por los carriles convencionales, a la par de “muchos artistas que esperan a que uno lo haga para poder aventarse”. Pero su perfil curioso lo llevó a surcar por otros mares, más revoltosos e inciertos, en los que experimentó mezclando cumbias, danzones, reggaes, hip hop, rock, pop, sones y boleros.
“Yo sí me fijo en esto porque soy inquieto. Me gusta buscar y buscar. Y de todos los viajes que hago, me traigo ideas. Porque los viajes, como dicen, ilustran, y a mí me han ilustrado muchísimo”, manifestó en diálogo telefónico con EL DIA.
Entusiasmado con su arribo a La Plata, una ciudad que ya lo recibió en 2012 cuando llegó en el marco del FIFBA, Piña se presentará el jueves a las 21 en Sala Opera -58 entre 10 y 11- en el marco de un nuevo encuentro de Cultura Cumbia, acompañado por su banda, la Ronda Bogotá, con la que repasará grandes hits de su carrera, como “Cumbia Sampuesana”, “Cumbia arenosa”, “Cumbia sobre el río” o “Reina de cumbias”, la pieza con la que rinde un homenaje póstumo a Gabriel García Márquez, con quien mantuvo una relación especial (ver aparte).
Será, según reconoció, un repaso por su larga trayectoria, una trayectoria que comenzó allá a lo lejos, en 1974, cuando en su Monterrey, Nuevo León, natal se topó con un sonidero gracias al que escuchó por primera vez un acordeón interpretando cumbia colombiana, algo que nunca había experimentado.
“Hay ritmos que no me gustan, y que mejor los dejo pasar, que sigan su camino. Yo siempre digo que cuando algo no te llame nadita la atención, mejor no lo hagas porque te vas a arrepentir toda tu vida”
“Me interesó tanto que después seguí buscando por allí, y me encontré con nombres como Alejandro Durán, Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velásquez, Aniceto Molina, los Hermanos Zuleta, Los Betos, Los Diablitos, etc, etc. Empecé a escarbar en ese género y conocí gente muy importante del vallenato colombiano. Así me nació la idea de hacer algo pero tocado en vivo, porque en México sólo se escuchaba a través de discos”, relató.
El proceso hacia la grabación de su primer disco, en 1980, no fue sencillo pues Celso no sabía tocar el acordeón, algo que le demandó al menos cuatro años, una cosecha que tuvo sus frutos.
Dijo que hasta el 85 fue el único en México en interpretar cumbia con acordeón, por lo que es considerado un referente. A partir de ese año, según contó, se fueron creando y disolviendo grupos que reproducían sus sonidos característicos, hasta extenderse por diferentes puntos de la región.
“Fue una loquera”, recordó Celso, sobre aquellas primeras épocas, en las que recorrió tocando todo el noreste de su país, una frontera que atravesó con la llegada del nuevo milenio, gracias a su álbum “Barrio Bravo” (2001) con el que empezó a girar por diferentes partes del mundo -China, Marruecos, Holanda, Alemania, Bruselas, Bélgica y, entre otros, Estados Unidos-, colaborando incluso con artistas de la talla de Estopa, Café Tacuba, Control Machete, Lila Downs, Natalia Lafourcade o Sargento García, entre otros.
A pesar de su apertura musical, Celso reconoce que hay ritmos con los que no puede comulgar. “Hay ritmos que no me gustan, que mejor los dejo pasar, y que sigan su camino”, aseguró el compositor mexicano, poniendo como ejemplo el reggaetón, y agregó: “Me han hecho proposiciones y yo con vergüenza y todo les digo que estoy demasiado ocupado para incursionar en esos ritmos. Y no es sólo el reggaetón, hay otros. Yo siempre digo que cuando algo no te llame nadita la atención, mejor no lo hagas porque te vas a arrepentir toda tu vida”.
Junto a su banda la Ronda Bogotá tiene en carpeta la publicación de un disco con la Orquesta Sinfónica de Bajo California, un sueño que pudo materializar después de mucho tiempo, y que llegará a las bateas para mediados de año.
El jueves, Celso Piña será la frutilla del postre de una velada popular, que también tendrá como ingredientes al maestro de la cumbia villera, el Traiko y Meta Guacha, y los amigueros de Agua Sucia y Los Mareados de La Plata. Además, en las bandejas, el histórico DJ Facundo Vera.
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