Desde el hallazgo de los restos, la fiscal Ana María Caro manejó distintas hipótesis, una de las cuales apuntaba a una profanación de una tumba o nicho, o a un ritual satánico, una venganza mafiosa o un caso de tráfico de órganos, algo desestimado por especialistas en ablación. Junto a Red Solidaria, la fiscal puso en marcha una campaña pública para identificar el cuerpo encontrado, al tiempo que personal de la Sub DDI de Miramar realizó un relevamiento en hospitales y clínicas de la zona.
Por su parte, los peritos estimaron que el cadáver estuvo refrigerado durante un período largo. Finalmente, el martes se pudo establecer que pertenecía al hijo de una familia boliviana que murió días antes del hallazgo tras haberse atragantado con una bombita de agua en su casa de Mar del Plata.
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