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El muro que habla

El mural del que participaron artistas y vecinos de Villa Elisa

Por Redacción

Por RODOLFO LUNA (*)

Villa Elisa recuerda por primera vez a sus desaparecidos, sería el título de la crónica que hubiera escrito. Y como manda el canon de la buena información, debería haber agregado los datos esenciales de la noticia en el primer párrafo. El sábado 25 de marzo de 2017, cientos de villaelisenses, convocados por el encuentro Vecinos de Villa Elisa por la Memoria, la Verdad y la Justicia se reunieron en la avenida Arana y calle 6 para homenajear a los 23 detenidos-desaparecidos de esta localidad del partido bonaerense de La Plata. La jornada comenzó a la mañana –seguiría la nota– con la realización de un mural alusivo sobre la pared del Banco Provincia por un colectivo de artistas y jóvenes que se inauguró a la tarde. A las siete en punto comenzó el acto, con la presencia de familiares de las víctimas de la dictadura en primera fila. Se leyeron en voz alta cada uno de los nombres de los desaparecidos mientras en una pantalla se proyectaban sus rostros, respondidos con un ¡Presente, ahora y siempre! por la numerosa concurrencia. En cordeles extendidos a lo largo de la avenida se repetían esas fotos con la fecha del secuestro y una breve historia de cada uno. Particularmente emotivas fueron las palabras de Tota Guede, Madre de Plaza de Mayo y esposa de Dante Guede, uno de los desaparecidos. El homenaje concluyó con la actuación de la cantante Martina Centurión y la murga local Pateando la Luna.

Hubiera escrito, debiera haber escrito. Alguien seguramente debería contarlo. Pero, ¿cómo se cuenta la calidez, el abrazo?, ¿cómo, esa ola que viene de lo profundo de los años, se encrespa en la garganta y desagua su dolor de sal en la playa extensa de las lágrimas? ¿Cómo se explica para quien no vive en un pueblo, para quien no vive en este pueblo, la ceremonia de recorrer los rostros que el viento flamea, que la pared devuelve, con la punta agradecida de los dedos y deletreando sus nombres reconocer a aquellos otros vecinos, congelados en sus sonrisas siempre jóvenes, a los que les decíamos buen día hace cuarenta años, como todavía hoy nos seguimos diciendo? ¿Cómo decirles a esos queridos, a esos amados, a sus huesos escondidos, que los sueños que amasamos juntos son yema nueva en nuestros hijos? Que los hijos que les arrancaron, que los nietos que no les dejaron conocer sostienen la esperanza. Que nos empecinan las mismas preguntas que aún titilan en el vértice filoso de sus miradas, sobre viejas fotos blanco y negro, sobre pixeles de ampliaciones, sobre desenfoques y olvidos. ¿Cómo contarles que no hemos dejado de llamarnos compañeros, que nuestros pies fatigan marchas contra la injusticia, que nuestras manos conjugan todavía la primera persona del plural? Que los extrañamos con el alma pero que los asesinos no han podido enjaularnos en el dolor.

Los actos colectivos suelen parir símbolos. El sábado, el generoso sol de marzo floreció símbolos como mariposas. Las mariposas que los aztecas creían espíritu de los guerreros caídos, renacidas para acompañar a los que siguen luchando, aletearon sus transparencias de radiografías intervenidas por artistas. El oscuro callejón de entrada de camiones de la fábrica Ofa, muro lateral del Banco Provincia, se iluminó para siempre como Paseo de la Memoria con un maravilloso mural pintado en una jornada conmovedora por un colectivo de arte y vecinos. Más de uno se acercó para aportar datos de familiares secuestrados que no estaban en la lista. Nunca Villa Elisa se había reunido para nombrar, para mirar a los ojos a sus desaparecidos. Hasta el cura que pasó temprano encabezando una pequeña procesión se detuvo a recordar al obispo Angelelli y a rezar por los 30.000.

Veintitrés nombres, veintitrés historias de vida y militancia vuelven del olvido. Un callejón se abre a la memoria. Un muro nos dice y nos recuerda. Un pueblo, mi pueblo, mira lo que fue y se mira ahora para seguir mirando. Para seguir luchando. El pan de cada día y el pan de los sueños. ¿Qué otro nombre se le puede poner a la alegría?.

(*) Vecino de Villa Elisa

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