Sin futbol ni escuelas, la vida hogareña se ha tenido que reciclar. Y el pueblo se entretiene con lo que puede. Mientras masajeaban a maestros voluntarios y juveniles amenazando largarlos a la cancha, los titulares de cada gremio afilaban sus expectativas. Marchi y Baradel fueron los dueños del descanso de esta semana. Ellos redoblaron la apuesta. Y el gobierno, fiel a su estilo de apostar al último momento, repasó billeteras y aprontes a la luz de un feriado largo que en escuelas y canchas se hizo larguísimo.
Siguen los arrepentidos. Brad Pitt sin Angelina confesó que padece de una enfermedad que no le permite reconocer los rostros. Buena coartada para explicar el acercamiento a Jennifer, su ex. ¿Quién será esa cara? ¿La conozco? Siempre se fantasea con el primer amor. ¿Es creíble este interesado olvido de rostros? “No somos giles” dijo esta semana al arzobispo Aguer, que desde la cama trató de refrescarle la memoria al alcalde. En una carta, fechada a las 2,30 de la madrugada, entre el insomnio y la bronca, hizo referencia a la invasión motoquera que sufre Plaza Moreno, un ensordecedor rostro urbano que la Municipalidad, como Brad Pitt, parece no querer reconocer. Los invasores, ha dicho, se adueñan sin reclamos a la vista de una Plaza que mira hacia la autoridad -la municipal y la celestial- pero que aún no ha encontrado protección. Monseñor sabe que a la fe se llega de cualquier forma, pero no cree que las motos sean la mejor manera de acercarse a un templo que por estos días tiene más escapes sueltos que devociones.
Los vecinos también se quejan por esas largas noches con motos, chicas y estímulos. Sus atronadoras visitas han obligado a las campanas a guardar silencio y a las palomas a buscar otros templos con pecadores menos bulliciosos. Lo de las campanas calladas es todo un tema. Las sirenas, los tiros, las alarmas, las motos y los autos musicales, las han ido silenciando. Fueron en sus buenos momentos un sonido familiar que interrumpía el silencio de una ciudad somnolienta para recordarnos algo distinto. Las vecindades piden que alguien frene esta celebración de velocidad y estrépito que obligó a los clérigos de allí a cambiar el horario de oraciones y sueño. Y que esta semana se cobró la muerte de una chica que corría hacia ninguna parte. “¿Qué celebran estos chicos, estas chicas, de qué huyen, adónde quieren llegar?” se preguntaba sobre los motoqueros madrileños el español Paco Umbral. “Celebran su juventud, el éxito de estar vivos, que necesitan corroborar con la cercanía/realidad de la muerte”.
Mientras las motos resuenan con fenomenal puntualidad, desde el arzobispado miran de reojo a ese túnel que fue descubierto semanas atrás y que ha generado “una batería de hipótesis y que obligó a preparar plan de exploración para develar el enigma que plantea esta excavación”, fechada entre finales del siglo diecinueve y principio del veinte. “Vamos a tratar de tener un pantallazo de lo que hay dentro de la cámara, para ver si continúa y convocaremos a grupos de arqueología urbana si es necesario” precisó Juan Galasso, director de Patrimonio: “puede tratarse de un lugar de almacenamiento o antigua bodega, así como un reservorio cloacal o pluvial; de todos modos, es una construcción histórica que puede guardar revelaciones valiosas”.
Como desde hace semanas no hay novedades, todo invita a pensar que otra vez los túneles nos dejaron con ganas. Habrá que seguir cavando por toda la Ciudad en busca de algo que valga realmente la pena. Pero a monseñor le preocupa más las motos conocidas que los pasadizos desconocidos. Siente que la cosa no está para andar mirando tan hacia atrás cuando en el presente las corridas mañaneras amenazan a esos fieles que a la hora de la primera misa deben andar esquivando picadas y picaduras. La Ciudad va en busca de su Plaza, el punto central de la existencia platense, un paisaje primordial que le dio partida de nacimiento a este lugar que nos hizo empezar y nos contiene. Que una chica se haya matado al darse la cabeza contra la piedra fundamental, es un símbolo: ella, pobrecita, terminó donde la Ciudad había nacido. Su trágico final quizá despierte a los cuidadores. El Arzobispado a esta altura no busca interpretar alegorías sino recuperara sosiego. Por eso se encomiendan al intendente en busca de un alivio que saque de escena a estos ángeles ensordecedores. Porque no pueden intentar el Angelus con tantas cilindradas dando vueltas.
La Plaza Moreno no es la de antes. Las corridas mañaneras de las motos amenazan a esos fieles que, a la hora de la primera misa, deben andar esquivando picadas y picaduras.
Marchi y Baradel fueron los dueños del descanso de esta semana. Ellos redoblaron la apuesta. Y el gobierno tuvo que repasar billeteras y aprontes a la luz de un feriado largo que en escuelas y canchas se hizo larguísimo.
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