La presencia de miles de platenses que se dieron cita el domingo pasado en el paseo del Bosque platense para participar de la sexta edición de la maratón “Sor María Ludovica” –organizada anualmente con la finalidad de ayudar a la cooperadora del Hospital de Niños de nuestra ciudad, confirmó la generosa disposición existente a favor de una entidad que brinda desde siempre una prestación de excelencia con la población infantil.
Tal como se informó, la movida solidaria que contó con la organización a cargo de la Defensoría del Pueblo provincial y la Comuna local consistió, básicamente, en la realización de pruebas atléticas que, más allá de sus características, sirvieron para canalizar el evidente espíritu solidario de muchas personas.
Se conoce de sobra que a lo largo del tiempo fueron diversas las necesidades acuciantes que condicionaron la vida del Hospital de Niños –desde insumos básicos hasta equipos de alta complejidad- y que siempre estuvieron allí los platenses brindando su aporte y, asimismo, asociándose a la cooperadora e integrándose de esa manera a las diversas campañas que impulsó la Fundación Ludovica.
Lo cierto es que -sea por omisiones del Estado en el cumplimiento de algunas de sus funciones, por insuficiencias presupuestarias o por el imperio de políticas erradas- ha sido siempre nuestra sociedad la que ofreció el contrapeso de sus actitudes solidarias, que fueron ciertamente efectivas para resolverle gravísimos problemas al Hospital. Y es verdad que, sobre todo en las últimas épocas, los impulsos humanitarios vienen exhibiendo una magnitud creciente.
No ha sido un solo credo religioso el que ha dado pruebas de generosidad, ni uno solo sino múltiples los sectores sociales que se caracterizaron por desplegar acciones tan variadas como fructíferas para ese centro de salud, en tareas desarrolladas sin bombos ni platillos, cumpliendo todos con sus convicciones y arraigados sentimientos de amor al prójimo, contribuyendo a contribuyendo a paliar o resolver infinidad de problemas que plantea la crítica realidad social.
No es necesario señalar que el Hospital de Niños se ha caracterizado desde su fundación a principios del siglo pasado por el empeño, la generosa dedicación y, desde luego, la reconocida solvencia con que ha desarrollado sin pausas una tarea que, sin duda, ha sido de excelencia médica, tanto para nuestra ciudad como para toda la Provincia.
Sin perjuicio de reclamar que el Estado cumpla cabalmente con su cometido -tal como se lo hace desde aquí en forma habitual- ejemplos de solidaridad como el registrado en el Bosque platense resultan alentadores y ejemplificadores, al confirmar que la población se muestra atenta a todas las expresiones de sufrimiento o de carencias materiales o espirituales y concurre prestamente en su auxilio. Más allá de aquellas omisiones o deserciones del Estado, merece resaltarse que la actitud de la gente es la de no bajar los brazos o limitarse a la protesta, sino hacerse cargo de las necesidades colectivas y poner manos a la obra para dar respuestas.
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