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El clima electoral se siente en la economía

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Por Ricardo Rosales

Nada nuevo en las últimas semanas que no haya ocurrido en el país en otras oportunidades y que afecte las expectativas sociales y de la economía.

Apenas iniciado el año, el conflicto docente, la marcha de la CGT, los ajustes de tarifas o los temores sobre la marcha inflacionaria, anticipan el período electoral de mitad de ciclo de la presidencia de Mauricio Macri.

El contexto macroeconómico no es muy laxo y los andariveles para transitar son bastante estrechos.

Idas y vueltas electorales de la oposición y el oficialismo; los primeros tratando de ganar posiciones sobre los errores o debilidades gubernamentales, y los segundos intentando complementar las responsabilidades ejecutivas con las promesas electorales que deben ratificar en octubre próximo.

IMPACTO ELECTORAL

¿Cuánto afectará o no, la competencia electoral a la economía? ¿Ahogará la recuperación que estaría alumbrando en estos primeros meses?

El contexto macroeconómico no es muy laxo y los andariveles para transitar son bastante estrechos.

En el pasado, las grandes crisis de la Argentina fueron precedidas y alimentadas por períodos de alta inflación, fuerte apreciación del peso y elevado déficit fiscal.

Pero en particular, por el desorden político; es decir, una escasa cooperación de los actores políticos que buscaron ganancias de muy corto plazo, y que terminaron abortando las opciones más lógicas y de menor costo social.

Así, el conflicto político termina acelerando las crisis y transformando un aguacero en inundación.

El plan gradualista del macrismo no quedará en los manuales de economía, pero al menos permite intuir que en el último año logró sortear una crisis que hubiera sido más dramática en términos de pérdida de empleos e ingresos.

Aunque esto no es definitivo.

La historia aún está por escribirse y los comicios de octubre seguramente tendrán algo para aportar, en uno u otro sentido.

CONFLICTO DE AGENDA

El conflicto entre la agenda necesaria y la posible, es evidente.

El presidente Macri habla de una reforma impositiva y de lograr metas descendentes del déficit fiscal y la inflación.

Resultan reformas imprescindibles para lograr un crecimiento sostenido del sector privado y asegurar una continuidad de las inversiones.

La Argentina está en el top ten de los países de mayor presión tributaria, con déficit e inflación muy altos, y niveles de subsidios imposibles de sostener.

Parte del paquete de reformas impositivas depende de los gobernadores que deben acordar la eliminación de los ingresos brutos, un impuesto de los más regresivos conocidos.

Pero es una agenda de casi imposible concreción en este año, con elecciones de por medio.

DESEQUILIBRIOS

Los desequilibrios fiscales son enormes.

Los gastos en personal consolidado de las provincias alcanzan al 60% de los ingresos corrientes, 10 puntos más que en el 2011.

Y sin mencionar el volumen de subsidios del presupuesto nacional, el rojo del sistema previsional está casi en la mitad del total estimado por el Gobierno para este año.

La puerta de escape de esta realidad ha sido el endeudamiento externo, tanto provincial como nacional.

Se sustituyó la maquina de emisión monetaria de la era K por colocar deuda en los mercados.

Este financiamiento es la que habilita la vía gradualista del macrismo, en simultáneo con el esfuerzo antiinflacionario.

De cualquier manera, los recursos por endeudamiento no son infinitos aunque hoy los niveles respecto del PBI no sean intolerables.

En algún momento los otros ajustes serán inevitables.

Con una economía en recuperación, el sacrificio de esos ajustes tributarios y del gasto serán menos dramáticos y, quizás con costos sociales más fáciles de absorber.

Sin crecimiento económico, esas opciones no tienen viabilidad política.

De cualquier manera, ocurren igual.

Las crisis, precisamente, provocan esos ajustes brutales de ingresos, empleo y destrucción de riquezas.

En definitiva, la realidad de lo ocurrido en las últimas tres décadas: los niveles de pobreza y exclusión se duplicaron, y más si se toman otros indicadores sociales.

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