WASHINGTON.- El Congreso de EE UU fue ayer escenario de un agrio arranque del debate sobre la nueva ley de salud propuesta por los republicanos para derogar y sustituir la del ex presidente Barack Obama, intercambio que puso de manifiesto el arduo camino que le espera al plan, que respalda Donald Trump.
Dos comités de la Cámara de Representantes dieron inicio al debate legislativo de los dos textos que conforman la propuesta republicana (denominada oficialmente “El mejor plan de salud del mundo de 2017”) para derogar la Ley de Cuidado de Salud Asequible impulsada en 2010 por el entonces presidente, el demócrata Barack Obama, y sustituirla por un nuevo proyecto, una promesa de campaña.
Tanto en el Comité de Energía y Comercio, como en el de Medios y Arbitrios, los congresistas protagonizaron choques en el marco del debate de la nueva de ley de salud, para la que los demócratas ya presentaron cientos de enmiendas con el fin de entorpecer el proceso. Si bien sus enmiendas para modificar el proyecto de ley no van a ir muy lejos dada la mayoría republicana, los demócratas están usando estrategias legales para retrasar el proceso, obligando, por caso, a que los textos sean leídos por completo durante las audiencias. Además, también aprovecharon para presentar enmiendas de corte político, como una que requiere al presidente Donald Trump, hacer pública su declaración de impuestos.
Kevin Brady, presidente del Comité de Medios y Arbitrios y uno de los impulsores del nuevo plan, argumentó que la ley de Obama “se está derrumbando”, pero aseguró que el “alivio está en camino”. Sin embargo, los demócratas fueron muy duros: destacaron que el Obamacare brindó acceso a la salud a más de 20 millones de estadounidenses que antes no tenían cobertura médica, y criticaron la propuesta republicana que, entre otras cosas, prevé recortar las ayudas para los más pobres.
Además, aunque el liderazgo republicano y la Casa Blanca respaldaron el proyecto, la bancada conservadora no está unida alrededor de esta propuesta, y los ultraconservadores por un lado, y los moderados por otro, ya han expresado sus reservas. De la mano del presidente de la Cámara baja, Paul Ryan, los republicanos esperan someter a votación los textos en apenas unos días para enviar la propuesta al Senado, donde la mayoría conservadora es más estrecha y el plan pasará todavía por más apuros.
Así, Trump, quien ya dio su beneplácito al plan, empezó una campaña para calmar a los disidentes, como el senador próximo al grupo ultraconservador Tea Party, Ted Cruz, a quien invitó a cenar a la Casa Blanca después de reunirse con otros congresistas conservadores para tratar ese asunto. Los republicanos dicen que el sistema actual de no ofrecer diferentes alternativas de seguros y obligar a los ciudadanos a adherirse a planes que pueden no ser de su gusto. Pero el plan conservador también elimina subsidios para ayudar a la adquisición de seguros médicos y la expansión del Medicaid, programa para el acceso sanitario a la gente pobre. Igualmente, los republicanos pondrían fin a las medidas que obligaban a los individuos sin seguro a comprar uno si no querían ser multados, además de acabar con los fondos federales a Planned Parenthood, la mayor entidad del país que ofrece acceso al aborto.
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