Hace pocas jornadas se trató en esta columna el problema que plantea la multiplicidad de pequeños basurales a cielo abierto, esparcidos en los distintos barrios y convertidos no sólo en focos infecciosos, sino en evidencias ciertamente que negativas sobre los descuidados cuadros que suelen verse en la vía pública platense. Ahora, una nota publicada en este diario reflejó la presencia de contenedores desbordados y de bolsas de residuos esparcidas nada menos que en el espacio verde más tradicional y emblemático de La Plata: el paseo del Bosque.
Numerosos testimonios de visitantes del Bosque detallaron cómo en diferentes sectores se advierten muestras de suciedad y deterioro, bolsas de basura aquí y allá, especialmente en la zona de 115 entre las calles 58 y 60, en donde crece un basural que ya alcanza preocupantes dimensiones.
Cabe recordar que, años atrás, ese lugar fue centro de un ambicioso proyecto que buscaba restituir al uso público tierras del Bosque ocupadas por diversas dependencias. Se habló de jerarquizar el acceso por avenida 60, y reubicar paulatinamente oficinas, galpones y depósitos del Registro Provincial de las Personas, el ministerio de Desarrollo Social, la dirección de Automotores, el IOMA y el ministerio de Justicia y Seguridad.
El proceso se inició en 2012 con el traslado a Ensenada de la Planta de Verificación Vehicular de la Policía bonaerense, pero allí quedó. La zona sigue siendo poco más que un estacionamiento a cielo abierto, al que ahora se le sumaron contenedores que en la práctica actúan como imanes para la acumulación de desperdicios domiciliarios de todo tipo.
Lo cierto es que resulta hasta desalentador que el Bosque platense –donde se encuentran nada menos que el Museo de Ciencias Naturales, el Observatorio, el Planetario, el Zoológico, las canchas de Estudiantes y Gimnasia, el Lago, el Teatro Martín Fierro y otros atractivos, con la presencia cercana, además, de varias facultades- sufra este verdadero desmedro de su excelencia.
La Plata, que nació como una ciudad caracterizada por sus cualidades ecológicas –con criterios de limpieza e higiene en los espacios públicos, que fueron de vanguardia en el mundo- se vea en los últimos años gradualmente invadida por una creciente suciedad en sus calles y espacios públicos, sometidos además a una suerte de vandalismo anónimo que las autoridades no atinan a neutralizar.
Dándole prioridad a los principales y más carácterísticos paseos y plazas, es evidente que la Municipalidad debe revisar a fondo los mecanismos de recolección y eventualmente reforzar las cuadrillas o camiones que hacen falta para el traslado inmediato de los residuos no habituales. También debe exigirse una máxima eficiencia al concesionario del servicio normal de recolección.
Por otro lado, debería apuntarse a una fuerte campaña de concientización vecinal para que el compromiso sea comunitario y todos los vecinos participen y tomen como propio el objetivo de mantener limpia la Ciudad. En ese sentido, debe admitirse que aún hace falta recorrer un largo camino para consolidar una correcta conducta ciudadana en la vía pública.
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