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Vilma Barbiera

Por Redacción

Su fallecimiento

Rodeada de sus seres queridos, falleció Vilma Alicia Barbiera, psicóloga y docente respetada y admirada en sus ambientes de trabajo y, por su calidad humana, muy querida por aquellos que tuvieron la dicha de conocerla.

Vilma, como la llamaban en el ámbito laboral, o Alicia, para la familia y su entorno más allegado, nació en Castelli, provincia de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1940. Era muy chica cuando se mudó a La Plata, por lo que en esta ciudad creció, se casó, tuvo a sus tres hijas, se formó, y desarrolló su historia de vida.

Hija única de Victorio Barbiera y Victorina Etchemendy, estudió en el Colegio María Auxiliadora, institución de la que guardó siempre un entrañable recuerdo.

Muy joven conoció a Jorge Gorostiaga, con quien se casó en 1962 en la basílica San Ponciano. Al año de la unión nació Vilma; dos años después, Laura; y finalmente Lucila. El matrimonio, que con los años se disolvió, conformó un cálido hogar en el que se le inculcó a las hijas el espíritu recto y luchador de sus padres

En 1979, ya madre de adolescentes, mientras llevaba adelante el hogar y trabajaba, al mismo tiempo, en el ministerio de Salud de la Provincia, se recibió de psicóloga, con excelentes calificaciones, en la Universidad Nacional de La Plata. Para cumplir ese sueño tuvo que ganarle al poco tiempo libre que le dejaban la vida doméstica y las obligaciones laborales y se esforzó en largas sesiones de estudio, durante la noche, junto a compañeros de la carrera.

Esa entrega para superarse a sí misma tuvo su merecida recompensa en un cargo, ya como profesional, en el área de Planificación de la Salud de la cartera sanitaria provincial, sector en el que pudo volcar todos sus conocimientos y donde concluyó su trayectoria como jefa de departamento.

Fue, además, un apasionada de la docencia, tarea que ejerció - fue una de las iniciadoras del proyecto - desde la cátedra de Salud, Medicina y Sociedad (hoy Salud y Medicina Comunitaria) de la facultad de Ciencias Médicas de la UNLP. En ese espacio áulico se desempeñó como jefa de trabajos prácticos. La enseñanza fue una de las actividades que mayor entusiasmo despertó en su vida.

Desde que era una nena amó la vida de campo, afición que contagió luego a su familia y que disfrutó junto a los suyos durante inolvidables veranos en un chalet de Pila, entre fiestas de carnavales, reuniones de pueblo y asados bajo la sombra de los árboles.

Como toda la familia, fue hincha fervorosa de Estudiantes y expresó siempre, en ese sentido, su orgullo por la campaña que protagonizó el equipo en 1968. De una sensibilidad singular, halló en la pintura una manera de manifestar su rico mundo interior.

Sus últimos años los dedicó a sus amados nietos: Ezequiel, Vicky, Juan, “Sofi”, “Lolo”, Chía, “Feli” y Quim, quienes disfrutaron de “la abu” a pleno.

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