En una esperada entrega en la que Jimmy McGill comenzará a darle lugar de a poco al inescrupuloso abogado que asesoró a Walter White y Jesse Pinkman en “Breaking Bad” -Saul Goodman-, Netflix habilitará desde hoy, y todos los martes, la tercera temporada del exitoso spin off “Better Call Saul”.
La modalidad de emisión, igual a la forma en la que se emitieron las dos temporadas anteriores -que ya se pueden ver por completo en la grilla de programación del gigante on demand- se debe a que en Estados Unidos los capítulos de esta tercera parte se emiten los lunes a través de AMC, y en Argentina llegan un día después a través del servicio de streaming más popular del mundo.
La ficción, protagonizada por el carismático Bob Odenkirk, nació tibiamente, mirada con recelo por los fans de “Breaking Bad”. Sin embargo, con el correr de los capítulos, logró no sólo no desprestigiar a su “padre televisivo” sino, además, diferenciarse tanto en la forma de narración como en su historia, al punto de abrirse un camino propio que le dio sus propias nominaciones a los Emmy y a los Globos de Oro.
Es que si bien las conexiones con “Breaking Bad” (2008-2013) son ineludibles, “Better...” se estableció como un drama con vuelo propio en el que no sólo se profundiza en el pasado y la dualidad moral de Saul Goodman / Jimmy McGill (Bob Odenkirk), sino que se introduce una gama de personajes que crean un nuevo mundo de posibilidades narrativas.
Para el spin off, el creador de ambas series, Vince Gilligan, dejó de lado el ritmo a veces vertiginoso que tenía “Breaking Bad”, más relacionado con el drama criminal, y propuso una historia con un pulso más reflexivo en dos líneas temporales.
La primera de ellas, filmada en blanco y negro, es la que menos minutos de aire obtiene y es la que muestra lo que le ocurrió a Saul Goodman luego de los hechos de “Breaking Bad”: infeliz y temeroso de ser descubierto, vive ahora con la identidad falsa de Gene y trabaja como encargado de un local de una cadena de confiterías en un shopping en Omaha, Nebraska.
La segunda exhibe el pasado y lleva al espectador por el viaje que empujó a McGill a transformarse en ese abogado bizarro que vestía con trajes de colores, atendía en una oficina repleta de detalles de mal gusto y columnas griegas de yeso ubicada en un paseo comercial y que, por la cantidad adecuada de dinero, encontraba la forma de sacar de aprietos a sus clientes.
Con su enfoque poco riguroso de las leyes, no era de extrañar que su lista de empleadores estuviera repleta de delincuentes y mafiosos; entre ellos Walter White y Jesse Pinkman, los protagonistas de “Breaking Bad” que sin demasiada experiencia previa se lanzaban con entusiasmo al comercio de metanfetaminas.
Tal como con el Walter White de “Breaking Bad”, la historia de McGill es un permanente debate interno entre su intención de satisfacer las expectativas de sus seres queridos -en especial su novia Kim (Rhea Seehorn) y su hermano mayor Chuck (Michael McKean)- y su propia naturaleza, que aunque no suele estar acorde a las normas es la que lo hace más feliz. Jimmy es igualmente capaz de mostrar compasión y ternura por su hermano enfermo como de engañarlo para que pierda uno de sus más grandes clientes, y saber cuáles fueron los detonantes para que finalizara inclinándose por “el lado Goodman” de su personalidad es el principal atractivo de la serie.
Luego de que en las primeras temporadas se pudieran ver personajes comunes con el universo de “Breaking Bad”, como el matón Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) o la aparición de los criminales Tuco y Héctor Salamanca, la llegada del siniestro Gus Fring (Giancarlo Esposito) en los próximos capítulos irá conectando aún más ambas tramas. El narcotraficante dueño del famoso restaurante Los Pollos Hermanos añadirá más drama y un toque irresistible a la serie. Según contó Esposito, su personaje “más fresco, menos agotado por su trabajos y diferente” a como lo conocimos en “Breaking Bad”.
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