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La momia de Tolosa

Por Redacción

Poco tiempo después de inaugurarse el Cementerio de La Plata, mientras eran trasladados restos sin identificar desde el antiguo cementerio de Tolosa, hubo un extraño hallazgo: un cuerpo momificado

Por Nicolás Colombo

Durante la década de 1870, el pueblo de Ensenada encargó la construcción de un nuevo cementerio debido a las constantes epidemias de cólera que azotaban la región. Se decidió edificarlo en terrenos cercanos a Tolosa, y estaba delimitado por las actuales calles 522, 526, 120 y 118.

Doce años después de su inauguración se decide cerrarlo, a causa de la apertura del Cementerio de La Plata. De a poco los cuerpos enterrados en Tolosa son trasladados al nuevo camposanto en 31 y 72, quedando algunos abandonados en sus bóvedas al no ser reclamados por ninguna familia. En 1902 la Municipalidad dispuso llevar los últimos restos sin identificar a un osario común en el nuevo cementerio, y fue allí cuando el administrador se llevó una sorpresa: uno de estos cuerpos estaba momificado.

Uno de los ataudes "contenía una momia de un cuerpo entero y mascara intactas, de ojos semicerrados, con su dentadura superior al descubierto en una mueca risueña; atada con cabeza con un pañuelo cuyas puntas fingianle la mariposa de una corbata de moño, la cabellera larga y descolorida, las ropas interiores y exteriores en perfecto estado". La noticia no tardó en replicarse en diarios locales, llegando incluso hasta los más importantes de Buenos Aires.

Con la intención de que alguien lo identificara, el cuerpo se colocó en el altar de la capilla del cementerio, pero esto sólo trajo problemas. Muchos curiosos acudían a ver al "muerto popular", tomando trozos de sus ropas para hacer amuletos y rezándole como si se tratara de un santo. Algunos incluso dijeron haber presenciado fenómenos paranormales, ya que según se decía "sus manos entrecruzadas echaban luces". Este espectáculo duró pocos días ya que ante las críticas del público, el cuerpo fue retirado y llevado a un nicho.

Varios años después, el señor Antonino Lamberti reconoció a la momia al verla en el cementerio: se trataba de su amigo Matias Behety, un poeta y periodista uruguayo que había vivido sus últimos años en nuestra ciudad, falleciendo a los 35 años de edad y siendo enterrado en el cementerio de Tolosa. Por encargo de su familia se construyó un mausoleo de mármol y granito que aún puede verse en la actualidad, donde hay un busto tallado para homenajearlo.

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