“La c… de tu madre” fue la frase de la semana. No tanto por su contenido –tan conocido, directo y frecuentado- sino por la chapa de sus presentadores. Al subir a la gran escena nacional, la expresión produjo revuelo por partida triple: los industriales, los monos y un juez de línea fueron enviados, por ese hiriente refrán, a un rincón definitivo. “La c… de tu madre” en el repertorio popular es un pedido de explicación, una reacción desorbitada, una puteada incomparable. Pero si le añadimos el “Andate…“ entonces agranda su efecto y se transforma en la estación final de un destino indeseable. Volver a lo de mamá a veces duele.
Y esta semana algunas madres volvieron a escena, reclamando como comedidas que son un lugarcito en el habla de esos hijos mal hablados. La que inauguró esta secuencia fue la ex presidenta Cristina Fernández, que seguramente aprendió junto a Hinchadas Argentinas a darle aliento callejero a su relato. Las escuchas revelan, más allá del dañino propósito de hacer público algo tan íntimo, que las serenatas de Olivos traían más canciones de protesta que boleros. El “Soy yo, pelotudo” aportó la síntesis de un modelo ninguneador que no perdonaba a casi nadie. Desde entonces, las escuchas estuvieron más dedicadas a rastrear exabruptos de la ex que a buscar huellas. Y su repertorio tuvo punto culminante esta semana, al trascender que la super oreja de Parrilli, un ministro del desahogo, alguna vez tuvo que oír y tomar nota de que la presi había decidido mandar allí a los industriales nacionales, a ese limbo descorazonador, “a la c… de tu madre”, para, inmediatamente, modelo inclusivo al fin, decidir agregarle simios a la encomienda: “Mandalos a la c… del mono”. Aunque debió decir “del mono y la mona”, para que el género no se sintiera menoscabado. Su orden fue una impensada deriva contra el reino animal. Porque hasta ahora, “la de la lora” era la única c… que había ganado fama. ¿Lo de los monos vino traído por el inconciente peronista contra el gorilaje? Otra vez Parrilli fue depositario de riesgoso encargue. Pero lo tiene merecido: un jefe nacional de espías que no reconoce la voz de su superior, es un pelotudo que da mucha ventaja a los conspiradores.
“La c… de tu madre” en el repertorio popular es una puteada incomparable. Pero si le anteponemos el “Andate…“ entonces agranda su efecto y se transforma en la estación final de un destino indeseable. Volver a lo de mamá a veces duele
A Messi y a la Selección, la mamá del línea le puede costar el mundial. El descargo de la AFA trata de probar que fue un insulto al aire, no a ninguna en particular, sino a las madres en general, una coartada que obligará a ajustar marcas con maternidades y feministas
Cuando aún se comentaban los alcances de ese doble envío, apareció Messi. No insultó a la mami de los industriales ni a las monas, sino solamente a la del juez de línea. Y se lo dijo dos veces, para que no quedaran dudas. Fue un agravio criollo dicho en su propia tierra, porque las conchas en España tienen otro significado. Y fue un insulto mucho más grave: Cristina se lo dijo a un conocido, por teléfono y para que no trascendiera. Lo de Messi fue al revés. Lo curioso es que ahora que los futbolistas se tapan la boca hasta para pedir agua, un Messi extrañamente desbocado prefirió hacerlo sin resguardo. ¿Alarde o calentura inmanejable? Pero a Messi y a la Selección, la mamá del línea le puede costar el mundial. El descargo que presentó la AFA trata de probar que fue un insulto al aire, a las madres en general y a ninguna en particular, una coartada que obligará a ajustar marcas con maternidades y feministas. Pero las mamis, siempre piadosas y comprensivas, lo aceptarán como una ofrenda, otra más, hacia esos hijos que al nombrar a una sin querer acaban poniendo a todas en lo más alto. Ellas saben que la cosa va contra ellos y no contra ellas. Pero, lo mismo, deberían quejarse con razón por este reiterado abuso. Es injusto que a ese lugarcito, trofeo de mil batallas y mil armisticios, tan hacedor de vida y de goces, se lo use al voleo y como alegoría de lo peor. Porque mandar allí a cualquiera es querer regresarlo a cuando no era nada. Condenarlo a volver a su condición preexistente y usar la madre como fatal intermediaria. Y encima, pretender poner lora, señora y mona a una misma altura.
Parrilli escuchó y el línea escuchó. Los monos, no. Pero ninguno reaccionó. ¿Los fueros de Cristina y Messi llegan hasta estas señoras con puntos suspensivos? Ni los simios ni los industriales ni el banderillero de línea deberían exponer sus progenitoras a calenturas momentáneas. Por eso, la c… materna, tan sobrecargada siempre, merece un desagravio nacional. Todas. Hasta la de la mamá de Bauza, muy concurrida y en pleno repechaje.
(*) Periodista y crítico de cine
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