A fines de 2015, la comunidad de Los Hornos tuvo un justificado motivo de festejo. El Jardín de Infantes Nº 909 inauguró edificio. Pero la obra quedó incompleta, pues el paredón que debía separar a ese establecimiento del industrial hornense fue “reemplazado” por la constructora por un alambre. Se fueron y nunca más se supo de ellos. Tampoco se los intimó a finalizar el trabajo. Las comunidades educativas de ambas instituciones y el Rotary de la zona apostaron a la “autogestión” y convirtieron el vacío administrativa en proyecto escolar. Y en un beneficio para todos.
“Esto es importantísimo para nosotros, por varios motivos”, comentaron a este diario los alumnos y alumnas de 5º 4ª de la Técnica Nº 3. “Por un lado, estamos aplicando lo que aprendemos en la teoría a una obra real. Además, vamos a dejarle algo a la escuela. Y también colaboramos con la comunidad del jardín de infantes”, enumeraron.
“Cuando a los chicos se les da la posibilidad de hacer algo concreto, útil, se entusiasman enseguida y no le escatiman ni una hora al colegio”, apuntó el vicedirector del industrial, Carlos Toledo.
Contó que “acá tendría que haber un paredón, por seguridad y para que las dos comunidades escolares, tan distintas, trabajen con tranquilidad. Pero jamás lo levantaron, y pese a tantos pedidos que se hicieron, nunca hubo respuesta”, agregó.
Uno de los estudiantes apuntó que “(los nenes del jardín) son muy chiquitos, y de este lado todos somos adolescentes de hasta 18 años que, además, trabajamos con máquinas, herramientas, motores que hacen muchísimo ruido. Creo que es una buena contribución. Y para nosotros, una excelente forma de aprender”, acotó una alumna.
EN COMUNIDAD
Cuando desde el industrial de 63 y 139 comenzaron a realizar gestiones para convertir la obra incompleta en un proyecto educativo y comunitario, enseguida “aparecieron integrantes del Rotary Club de Los Hornos, quienes nos dijeron que donaban los materiales. ¿Y la mano de obra?, preguntaron. Ahí nació la idea”, recordó Toledo.
Los alumnos indicaron que “primero limpiamos el terreno, que estaba cubierto por pastizales, y ya replanteamos la obra, porque la viga que dejaron hecha para el paredón está completamente torcida”, describieron.
Con las profesoras de las materias teóricas, en el aula hacen los cálculos y luego los llevan al terreno.
Se trata de un muro de 60 metros de largo desde la línea municipal de la calle 63, por 2,50 metros de alto y 30 centímetros de ancho que los estudiantes de 5º, 6º y 7º levantarán con sus propias manos. Además, dejarán todo preparado para que de uno y otro lado los revoques “den lugar a grandes murales”.
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