Fue el viernes a la noche en el club Claridad. Antiguos militantes de la Franja Morada hicieron allí el lanzamiento de una agrupación que disputará este año la representación de los graduados de Derecho.
Podría ser el debut de una lista y nada más. Pero expresa, en realidad, la largada de un año políticamente muy agitado en todas las facultades. En el segundo semestre se elegirán los representantes de los tres claustros que tendrán, el año que viene, voz y voto para elegir al próximo rector. Se empezará, entonces, a jugar una pulseada crucial por el gobierno universitario. Derecho es, en particular, un termómetro de lo que está en juego.
En todo el proceso político que empieza a desarrollarse ahora estará en debate -de un modo más o menos explícito- el alineamiento que tuvo el gobierno universitario de La Plata con el kirchnerismo. En contra de ese embanderamiento -por ejemplo- se anota el lanzamiento de los graduados radicales de Derecho en el club Claridad.
Es cierto que Derecho tiene sus propias internas y turbulencias. Sin ir más lejos, el año pasado renunció la vicedecana Rita Gajate en medio de una crisis que no ha terminado de cicatrizar. Fue la expresión de un malestar que persiste por la influencia (para algunos desproporcionada) del secretario de Extensión Adolfo Brook y de lo que algunos definen como el “gobierno a control remoto” de la Facultad desde la Fiscalía de Estado. El Fiscal, Hernán Gómez, fue decano de Derecho antes de asumir ese cargo con el respaldo de Daniel Scioli.
Pero más allá de las cuitas de Derecho, lo que buscan sectores tradicionales del radicalismo universitario sería despegarse del alineamiento K que simboliza Fernando Tauber.
Tauber, como se sabe, ya se lanzó el año pasado para volver a la presidencia, que en realidad nunca dejó: entre su mandato anterior y el que busca desde 2018 se mantuvo como vicepresidente con algo así como “facultades especiales”.
En este contexto puede leerse lo de Derecho como un “caso testigo”. Los graduados radicales le reprochan al decano Vicente Atela un disciplinado acatamiento al rumbo político que lideró Tauber en la década kirchnerista. No olvidan, por ejemplo, la firma de aquella declaración de apoyo a Scioli antes del ballotage (firmada por toda la plana mayor del rectorado y los decanos, con una sola excepción, la de Medicina).
Sea como sea, empiezan a moverse las primeras fichas en un tablero en el que se jugará, desde ahora y hasta el año que viene, el próximo ciclo de la política universitaria.
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