Especial para EL DIA
de National Geographic
El descubrimiento de vida extraterrestre sería revolucionario. ¿Y si la descubriéramos en planetas que giran alrededor de la misma estrella?
Existe esa posibilidad en el agrupamiento cósmico llamado TRAPPIST-1, donde siete planetas del tamaño de la Tierra giran alrededor de una estrella aproximadamente a 39 años luz de distancia.
Según un nuevo estudio, esos planetas están agrupados tan próximos alrededor de su estrella que las semillas de vida podrían saltar de uno a otro con facilidad.
El estudio, dirigido por Manasvi Lingam y Abraham Loeb, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, se basa en una teoría conocida como panspermia, que a su vez se basa en el hecho de que los restos planetarios pueden ser intercambiados entre los planetas de nuestro sistema solar. Y esto sucede especialmente entre los planetas rocosos cercanos, por ejemplo: golpes de asteroides que lanzan fragmentos o meteoritos de Marte hacia la Tierra.
La panspermia lleva esto un paso más adelante y sugiere que las formas de vida pueden “salir a pasear” abordo de esos restos, haciendo escalas en distintos planetas. Puede sonar disparatado, pero hay investigaciones recientes que demuestran que algunas formas de vida extremas pueden sobrevivir en condiciones semejantes a las de un viaje interplanetario. Algunos científicos llegan a sostener que las semillas de la vida terrestre pudieron haber llegado de Marte.
En el sistema TAPPIST-1, los siete planetas están agrupados en una región más de veinte veces más chica que la distancia entre Marte y la Tierra. Esa proximidad aumenta las posibilidades de que en este sistema fácilmente haya habido panspermia.
Lingam y Loeb calcularon las probabilidades exactas. Comparando los planetas del TRAPPIST-1 con la Tierra y Marte, descubrieron que el tiempo de viaje entre un planeta y el siguiente es cien veces más corto. Esto aumenta la probabilidad de que las formas de vida puedan sobrevivir a un viaje tan duro. También descubrieron que la probabilidad de que material de un planeta llegue a otro es 20 veces mayor.
Así, la posibilidad de que las formas de vida jueguen a la rayuela de un planeta a otro es unas miles de veces más alta entre los planetas del TRAPPIST-1 que la posibilidad de hacerlo entre Marte y la Tierra.
“En un sistema planetario como el TRAPPIST-1, el intercambio de vida bacterial es casi inevitable”, explica Chandra Wickerasinghe, de la Universidad de Buckingham. Y lo que es todavía mejor, todos los planetas del TRAPPIST-1 pueden potencialmente albergar vida, dadas las condiciones adecuadas.
Tres de los planetas giran en la zona habitable de la estrella, que es la región en la cual reciben la cantidad perfecta de calor para que sobre su superficie fluya agua en estado líquido. El resto de los planetas son templados, lo que implica que podrían ser igualmente cálidos si tienen la temperatura interna y el manto atmosférico indicados.
“Podríamos encontrar formas de vida que sobreviven en condiciones que no hemos previsto”, dice Loeb. “Por eso es emocionante. No debemos tener ningún prejuicio, deberíamos estudiar los siete planetas del TRAPPIST-1”.
Obviamente, todavía no hay pruebas directas de que se produzca panspermia en nuestro sistema solar o más allá. Y algunos astrónomos dudan que las formas de vida puedan sobrevivir a un viaje tan traumático.
Los elementos esenciales de la vida deberían soportar un calor extremo y la presión del impacto que los arrojó al espacio. Ya en el vacío, se verían sometidos a una fuerte radiación ultravioleta de su estrella potencialmente durante millones de años.
Las bacterias se han preservado dentro de reactores nucleares y en el exterior de la Estación Espacial Internacional. Pequeños invertebrados acuáticos- han soportado el vacío del espacio durante diez días. Y en ambiente de laboratorio se ha logrado revivir organismos congelados en hielo antártico durante siglos.
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