Las Salinas del Gualicho, un oasis blanco que constituye la tercera superficie de sal más grande del mundo, son uno de los atractivos turísticos que Río Negro planea potenciar para los meses de otoño e invierno con la realización de caminatas por superficies similares a las de la luna y de visitas guiadas en las que se pueden apreciar los vestigios de la cultura tehuelche.
Este cuerpo salino, que con 35 kilómetros de largo y 18 de ancho es el más grande del país, está ubicado a 50 kilómetros de la villa turística Las Grutas, y entre sus principales atractivos se destaca el color de sus atardeceres, que por el reflejo del sol sobre el intenso blanco de la sal cuenta con una amplia y hermosa gama de colores.
La ministra de Turismo, Cultura y Deporte de Río Negro, Silvina Arrieta, señaló que “al atardecer, con los últimos rayos del sol, el paisaje cambia de tonalidades a amarillos, rojos y violetas” y dijo que “llegada la noche la experiencia se vuelve más intensa con millares de estrellas iluminadas”.
El camino que conduce a este inmenso espacio blanco se caracteriza por la presencia de vegetación típica de la estepa patagónica, en la que sobresalen arbustos como el molle, el calafate, el neneo, la mata de fuego y la negra y las jarillas, y pastizales conformados por coirones, gramíneas perennes de hojas duras y punzantes que forman matas bajas y compactas.
La fauna del recorrido que separa a Salinas del Gualicho de Las Grutas permite avistar más de 100 tipos de aves, entre ellas martinetas, choiques, gavilanes y bandurritas, y mamíferos como maras, pumas, guanacos, peludos, gatos del pajonal, zorrinos patagónicos y hurones.
El relieve de la zona, que se caracteriza por sus vastas llanuras, sus montañas de escasa altura, sus mesetas escalonadas, sus valles fluviales y sus cañadones, es otro atractivo que atrae a muchos turistas porque combinan paisajes secos y agrestes con verdaderos oasis naturales en la inmensidad de la Patagonia.
Esta gran depresión natural salada alcanza durante el verano austral y al mediodía, temperaturas de 50 grados, lo que sumado a su morfología favorece al paisaje de características únicas”.
Esta extensa alfombra blanca presenta desniveles de hasta 2 metros de alto porque hace por lo menos 300 millones de años estuvo cubierta por agua de mar, un motivo por el cual en sus capas más profundas se suelen encontrar huesos de animales petrificados y hasta dientes de tiburón.
Este espacio, por sus causas geográficas, culturales, históricas y religiosas, fue adquiriendo un halo de misterio en el imaginario colectivo regional y está rodeado de leyendas tehuelches, un factor que también atrae turistas y que los guías de la zona que comandan las visitas guiadas se encargar de narrar respetando la idiosincracia de aquella comunidad originaria y aportando a su vez, una costado cultural a la excursión.
SUSCRIBITE a esta promo especial