“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, reza uno de los comienzos más recordados de la literatura latinoamericana, obra que se publicó por primera vez en Buenos Aires en 1967. Para Cien años de soledad, Gabriel García Márquez soñaba con una tapa que naciera de la imaginación del artista mexicano Vicente Rojo. El pintor recibió gustoso el encargo de la editorial y puso mano a la obra. Pero un problema con el correo impidió que el dibujo llegara a tiempo, por lo que fue necesario improvisar otro.
Según cuenta Eligio García Márquez en Tras las claves de Melquíades, la portada realizada para esa primera edición –que llegó a las librerías de Buenos Aires en mayo de 1967- fue una ilustración de Iris Pagano, del Departamento de Diseño de Sudamericana: aquella del galéon hundido en medio de la selva, que se volvería tan conocida.
Un mes más tarde, la segunda edición, llevó finalmente la tapa con el dibujo original de Rojo, quien cuenta que no pretendía reflejar ningún elemento en particular de la novela, sino plasmar imágenes populares. Sin embargo, algunos han encontrado en esta composición una aproximación al diseño del “macondo”, un antiguo juego caribeño que se practicaba con un dado que llevaba grabada seis figuras, entre ellas, aquella con la cual se ganaba la partida: la de un árbol macondo. Para celebrar el medio siglo de vida, en breve saldrá una edición especial del clásico de Gabo recordando aquella primera aparición en las librerías argentinas.
SUSCRIBITE a esta promo especial