El primer síntoma que convierte definitivamente a la novela de Bob Chow en desestabilizadora es que refracta y, al mismo tiempo, se ajusta a los patrones habituales de una reseña. Desde un análisis clasicista y llano, la trama podría resumirse en pocas líneas. La historia principal, adelgazada, transcurre entre el valle de Saimpata, Bolivia, donde la lluvia es un elemento adosado al paisaje, y una ciudad de Buenos Aires desembarcando en un futuro próximo en el que los bloques de monoblocs, las pantallas y otros brotes de la vertiginosa escalada tecnológica lo colonizan todo. Cordelia Krauz, una bióloga alemana, arquetipo de la belleza occidental, y el ingeniero informático Martín Orlog, cuya única afición fuera de su absorbente trabajo es la espeleología, son las figuras protagónicas de la trama; acompañados por personajes omniscientes y misteriosos que sobrevuelan como fantasmas descatalogados: un hijo adicto al Minecraft, un amigo hacker y un diplomático que se manifiesta vía correspondencia luego de muerto. Eso es todo a simple vista.
¿Devalúa esto la obra? En absoluto. ¿Se puede ser original contando algo tan escuálido y aparentemente acartonado? Bob Chow demuestra rotundamente que sí. El relato se va desagregando en subtramas que se ramifican como conductores y que se discontinúan caprichosamente, componiendo nuevos espacios y situaciones, guiando y desorientando al lector y obligándolo a ser partícipe de la construcción de sentido y cómplice de la imaginación del autor. En permanente estado camaleónico, la narración se escamotea añadiendo una pieza que no encastra con nada de lo anterior para mordernos a la página siguiente ensamblando otra que calza perfectamente. Los links más variados proliferan ansiosamente sin la pretensión de un estudio obstinado que los ahonde; operando más bien como insights de información que espolean al lector y le sirven al autor como postas para apropiarse de la narración y así poder diseminar sus incisivas interpelaciones.
“¿Para qué perpetuar una especie que no sabe para qué existe?” ¿Es la muerte una condena irreversible en un hipotético escenario signado por la Singularidad y la fusión de la inteligencia artificial con la biológica? ¿No tendríamos todo el tiempo del mundo para resolver el temido problema del aburrimiento eterno que plantea la inmortalidad? “¿Será la inteligencia artificial el verdugo del pensamiento cerebral y analógico?” ¿Qué son la vida, la muerte y el amor sino simples excesos para la limitada percepción humana? ¿Seguirá latente la tensión entre el misterio de lo arcaico y el magnetismo de un futuro automatizado?
¿Interesa tanto hallar respuestas para estas reactualizaciones de los interrogantes universales o lo más fecundo está en plantearlos para esbozar nuevas versiones de ellos? Bob Chow responde transfiriendo: “Creía en la exploración sin fines trascendentes, científicos o militares. Creía en explorar por explorar”. Y también sentencia: ”Sólo los paranoicos sobreviven”. Bob Chow –y nosotros junto a él– cree que narrar es una forma de canalizar los resabios paranoicos que la sociedad contemporánea genera. Por eso en su novela, las digresiones, las hiperreflexiones, las hipotetizaciones y la acción llevada a sus extremos asocian, cruzan, movilizan, mezclan y agitan todo. La apariencia de estar ante un “desarreglo agradable” invade al lector durante toda la lectura y lo pone a la defensiva creyéndose víctima de un mero ejercicio lúdico. Mientras el autor ata unos pocos de todos los cabos sueltos que fue dejando parece preguntarle: ¿Existe alguna otra forma de contar esta época que no sea la de la desorganización y la fragmentación? De ahí también su necesidad de hallar nuevas formas de decir y comparaciones de lo más ocurrentes.
Cada vez que asoma un autor, es regla en el gremio y en los lectores apostar filiaciones, más cuando el autor confiesa que su background literario es delgado. La danza esta vez ha sido generosa e irregular y han desfilado nombres como los de Pynchon, Alex de la iglesia, Vonnegut y otros tantos. También se sale a cazarlo con las etiquetas de los géneros que lo encorseten. En este caso el thriller, novela de aventuras o novela metafísica fueron algunas de las categorías elegidas. Bob Chow parece desmarcarse y divertirse con todo ese despliegue.
Nacido en la ciudad de Buenos Aires en 1963, Bob Chow es Alvars Holms. En 1996 se recibió de licenciado en Psicología, si bien nunca ejerció porque no se sentía capacitado para curar o encauzar a la gente con su deseo. Tiene su propia firma de traducciones en internet y ha publicado las novelas El momento de debilidad, El Águila ha llegado (acompañada con el disco El verdadero camino hacia el aeropuerto) y La máquina de rezar, y Todos contra todos y cada uno contra sí mismo, que le valió el premio La Bestia Equilátera.
Páginas: 208
Precio: $ 240
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