A los 87 años falleció Emilio David Lojo, un médico de dilatada trayectoria en la Ciudad que se destacó por su compromiso humanitario y profesional con los pacientes. Su partida provocó un profundo pesar en distintos ámbitos en los que él participó.
Emilio había nacido el 12 de julio de 1930 en San Isidro. Sus padres fueron María Josefa Alfonso y Manuel - director de escuela -. Además tuvo 11 hermanos.
Su familia siempre vivió en América, un pueblo próximo a la ciudad de Trenque Lauquen.
A los 13 años se mudó a La Plata, donde ya se encontraban sus hermanos, para comenzar sus estudios secundarios y completó esa etapa en el Colegio Nacional “Rafael Hernández”.
Luego ingresó a la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata de donde se graduó en 1965.
A partir de ese momento se desempeñó como médico clínico en el Hospital de Melchor Romero.
Años mas tarde ingresó al área Sanidad de la Universidad Nacional de La Plata y alcanzó el cargo de jefe de reconocimientos médicos.
A la par ejerció la profesión en su consultorio particular.
En diciembre del año pasado, el Colegio de Médicos Distrito I reconoció a Emilio Lojo por alcanzar los 50 años desde su graduación. En esa oportunidad se le entregó una medalla con la que se destacó su trayectoria.
En 1962 se casó con María Nieves Porta, la unión fue la base de una sólida familia que creció con los nacimientos de sus tres hijas: María Nieves, María Cecilia y María Cristina. Dos de sus hijas siguieron sus pasos profesionales.
Su felicidad se prolongó con la llegada de sus 5 nietos.
Emilio fue un profesional muy dedicado a sus pacientes y entregado por completo al bienestar de su familia.
En el tiempo que le dejaba el desarrollo de sus compromisos, le gustaba dedicarse a las plantas de su casa, criar canarios y leer. Este último pasatiempo lo llevaba a indagar cuestiones vinculadas con la historia, la geografía y el idioma castellano.
De carácter reservado, donde mas a gusto se encontraba era entre las paredes de su casa y fue precisamente esa una de las características que lo definieron, su perfil hogareño.
Sin embargo, eso no le impidió disfrutar de los encuentros mensuales con sus ex compañeros del Colegio Nacional donde conversaba sobre anécdotas de juventud y distintas inquietudes relacionadas con la actualidad.
También le gustaba propiciar y participar de las reuniones familiares.
Como profesional, Emilio Lojo fue un médico que acompañó de cerca a sus pacientes y lo hizo de manera cálida, sin descuidar las distintas aristas humanas. Sus allegados lo calificaron como una buena persona que vivió y trabajó de manera ejemplar.
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