Sólo nombrarán a una persona ante un equipo; sólo se pondrá en práctica una de las tantas ideas del personal y, como si fuese poco, sólo una persona obtendrá un aumento de sueldo. Así es en casi todas las oficinas. Para algunos puede ser un incentivo, y en ese caso la competencia retroalimenta la productividad o las metas del negocio. Pero cuando esa competencia se vuelve feroz o se cuela en la vida personal, puede disparar absolutamente lo contrario: un impacto negativo, una reducción del rendimiento del equipo y, por ende, el de toda la empresa.
¿Qué hacer para que las cosas no lleguen a ese punto?
El coach alemán Jürgen Junker diferencia entre dos tipos de competencia: por un lado, está la competencia que surge a partir de ideas personales, que puede derivar en una mejora de lo que ofrece la empresa. Pero si la competencia se da por un ascenso, "siempre habrá un ganador y un perdedor, y el perdedor estará desmotivado", explica. "Eso no es un buen aliciente para el grupo."
El experto Jochen Mai lo ve de un modo similar. "Un poco de competencia puede motivar", porque todos intentan dar lo mejor de sí, pero si la competencia se desborda, la situación puede volverse contraproducente. El resultado dependerá de las personalidades involucradas. Hay gente que reacciona con una envidia destructiva e intenta mantener muy lejos a sus competidores. Eso puede llevarlo también a ser agresivo o a hablar mal del otro con sus compañeros. En otros casos la persona reacciona con un comportamiento pasivo-agresivo.
También están los que caen en una envidia depresiva, "porque todo deriva en una falta de autoestima y esa persona ya no puede apelar a su productividad para levantarla", explica Mai. Cuando eso sucede, uno mismo se convierte en su propio enemigo, porque se va callando y deja de poner en el trabajo la energía que podría.
La competencia feroz no solo daña a los empleados, sino también a la empresa, porque algunas personas dejan de trabajar de un modo comprometido y, además, suele empezar a generarse un "secretismo" en la oficina. Algunos no les dan informaciones a otros para que no se les adelanten, y eso arruina el trabajo en equipo.
La asesora Kristine Qualen recomienda, para evitarlo, que cada uno piense cuáles son sus puntos débiles y sus puntos fuertes. "Si uno reconoce esos aspectos teniendo una mirada benevolente consigo mismo, sabrá qué es lo que realmente puede aportar" y se concentrará en eso. Sabiendo cuáles son los fuertes de uno, la competencia no tendrá tanto impacto si asoma en algún momento.
Qualen recomienda hacer un repaso del trabajo que uno ha hecho cada dos o seis meses. "Es bueno reservarse un momento de tranquilidad y evaluar cuáles fueron los logros de ese período." ¿Qué problemas hubo en el camino? ¿Cómo fueron resueltos? ¿Dio resultados el modo de manejarlos? Apuntándolos y releyéndolos seguramente podrá mantener en alto su autoestima.
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