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Bruno Mars: un ritmo extraterrestre

Por Redacción

El artista que llegará a La Plata en noviembre escapa a todo encasillamiento: tiene sangre portorriqueña, española, filipina y judía corriendo por sus venas, algo que fue un obstáculo en los inicios de su carrera, cuando los productores no conseguían colocarlo en una categoría. Sin embargo, “he convertido todo lo que he aprendido en arte”, dice el heredero de Michael Jackson y Prince que hoy es una de las grandes estrellas globales

En noviembre, Bruno Mars visitará nuestra ciudad, en lo que constituye su segunda llegada al país, pero la primera desde que se ha convertido en un fenómeno mundial, un hombre capaz de generar mil millones de reproducciones en YouTube, de realizar dos shows de mediotiempo en el SuperBowl y de vivir en una mansión valorada en 6.5 millones de dólares.

Pero la vida del cuatro veces ganador del Grammy y considerado heredero de Michael Jackson y Prince no siempre fue el derroche de lujo que se desliza en la declaración de amor a los ‘90 que es su último disco, “24K Magic”: Mars tuvo que llamar varias veces a la puerta del éxito, hasta que esta se abrió en 2010 con la canción “Just the Way You Are”.

El propio Mars reconoció en una entrevista reciente que su camino hacia el estrellato se vio plagado de dificultades, y una de las razones que encontró cada vez que le cerraron la puerta fue su origen étnico.

“Yo, personalmente, si me lo estoy pasando bien mi teléfono está roto en alguna parte y quiero estar en ese momento”, afirmó el estadounidense

“Hay mucha gente que cuenta con esta herencia tan variada y que de alguna forma les sitúa en una especie de zona gris que les impide ser etiquetados: ‘¿Qué eres? ¿Haces música urbana? ¿Latina?”, explicó el astro de la música, dueño de un talento inconmensurable que le permitió durante algunos años sobrevivir como productor de hits para otras estrellas, y que lleva en unas venas nacidas en Honolulu, Hawaii, sangre portorriqueña, española, filipina y judía.

Un origen variado que también fue un desafío para Mars, cuando todavía se llamaba Peter Gene Hernández Bayot, correteaba por Hawaii y le costaba encontrar su identidad al no verse reflejado por ninguno de los arquetipos establecidos.

“Mucha gente piensa hoy en día: ‘Debe de ser genial estar en esa zona gris porque en el fondo te permite ser quien quieras ser’, pero la verdad es que para mí no fue así, sino todo lo contrario. Por eso es importante educar a la gente sobre lo que implica haber crecido en un mundo en el que pareces no encajar en ningún sitio, para que nunca más hagan sentir a los demás de esta manera”, se sinceró en la misma entrevista, para añadir que en ocasiones el público piensa de él que es “mezcla entre negro y blanco”, opinó el artista.

En medio de una Estados Unidos convulsionada por debates raciales y con una fuerte resistencia a los inmigrantes que conformaron la nación, Mars pretende que sus aprendizajes de juventud puedan servir de enseñanza: “Sé que es muy complicado que la gente pueda empatizar contigo si no han crecido en el ambiente en el que yo lo he hecho. Espero que todo el mundo, sobre todo las personas de color, puedan mirarme y entender que yo también he experimentado algunas de las situaciones por las que ellos han pasado. Lo prometo”, agregó el artista que aterrizará desde Marte a La Plata el 25 de noviembre próximo.

Pero si bien el origen de Mars fue marcado por las crisis, el cantante, productor y multiinstrumentalista no reniega de él: “Es el mundo real”, dijo el artista al revivir aquellos días, donde tuvo que dormir en la parte trasera de una limusina tras el divorcio de sus padres en Hawaii o en los sofás de sus amigos y familiares tras mudarse a Los Ángeles. “Necesitaba encontrar mi camino y he convertido todo lo que he aprendido en mi arte”, reflexionó Mars, antes de agregar que “no puedo sentarme aquí y decir que fue terrible, porque sin esas experiencias no sería la persona que soy ahora”.

De hecho, sus primeros dos discos, “Doo-Wops and Hooligans”, único trabajo que había publicado cuando vino en 2012, y “Unorthodox Jukebox”, publicado ese año en diciembre, contenían varios temas que reflejaban matices emocionales difíciles de encontrar en el pop actual, que catapultaron a Mars como un artista vibrante y entretenido pero, a la vez, sensible.

EL NUEVO DISCO

Su último trabajo, con el que vendrá de gira en noviembre, es sin embargo un distanciamiento de esas complejidades y una celebración de los colores musicales de los ‘90.

En su primer trabajo en cuatro años, el artista echa la vista atrás a su juventud e intenta revivir la felicidad que sintió al bailar con las chicas de su clase en el festejo de San Valentín de su escuela en Hawaii. “Cuando era pequeño tenías que saber bailar, si no sabías bailar las chicas no te miraban”, relató el intérprete de 31 años con cierta melancolía.

Mars defendió que, “esa música de los 90”, es algo que está en su sangre y que con este “álbum romántico y divertido” quería “capturar ese espíritu”. “En cada disco quiero dar algo distinto, algo nuevo, no quiero que nadie diga: ‘echo de menos al Bruno Mars antiguo’”, argumentó el cantautor, quien explicó que para mantenerse “emocionado haciendo música” necesita “encontrar nuevos caminos”.

“Yo amo la música, por lo que quiero hacer de todo, quiero hacer una canción country, quiero hacer canciones funk, quiero hacer reggae...pero me dije: ‘no, solo quédate aquí (en este estilo) porque esto tiene que ser una película’”, comentó el también productor con una encantadora y perfecta sonrisa.

Este “filme” estaría catalogado como romántico, se desarrollaría en alguna ciudad de los Estados Unidos en los años 90 y relataría la historia de un chico, muy popular y conquistador, que se enamora locamente.

El espíritu de fiesta, derroche, “champán de fresa” y sexo continúa en la primera parte del disco, pero a partir de la canción número cinco, “Versace On The Floor”, el ritmo se ralentiza y las letras de las canciones se vuelven más amorosas.

“Abro con mi banda y cierro con mi canción favorita, la mejor que he escrito”, refiriéndose al tema “Too Good To Say Goodbye”, bajo una gorra que en la que ponía XXIV k, en alusión al título del disco.

Todo el álbum tiene un toque retro e incluso critica a la sociedad actual con letras como: “Deja tu móvil a un lado, olvídate de tu Instagram y fotos”. “Yo, personalmente, si me lo estoy pasando bien mi teléfono está roto en alguna parte y quiero estar en ese momento”, afirmó el estadounidense.

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