Documentan la entrada de plástico en la cadena alimentaria humana
Edición Impresa | 7 de Mayo de 2017 | 03:30
Un equipo de científicos mexicanos y holandeses ha documentado por primera vez la entrada de microplásticos en la cadena alimentaria terrestre, gracias a un estudio de campo desarrollado en la reserva de la biosfera de Los Petenes, en México.
Si bien desde hace años existen estudios sobre la entrada del plástico en la cadena trófica marina, este sería el primero en documentar el fenómeno en el entorno terrestre, según explicó la científica mexicana Esperanza Huerta.
Huerta, del centro de investigación El Colegio de la Frontera Sur, en Campeche, presentó el resultado del estudio desarrollado junto a la Universidad de Wageningen, de Holanda.
La investigadora expuso que debido a la falta de recogida y gestión de los plásticos, los habitantes de la zona de Los Petenes los queman y entierran en el suelo de sus huertos, lo que aumenta el riesgo de microfragmentación.
Para evaluar la situación, los investigadores analizaron hace unos meses el suelo, las lombrices de tierra, así como las heces y las mollejas de gallinas domésticas de diez huertos en esa reserva mexicana.
Así, se pudo documentar la presencia de plásticos de diminuto tamaño en la tierra, dentro de las lombrices y en las heces y mollejas de las gallinas analizadas, lo que podría suponer un riesgo para la salud humana.
“Este es el primer trabajo hecho en sistemas terrestres que muestra cómo el plástico entra en la cadena trófica”, explicó Huerta.
Huerta indicó que las lombrices, al digerir el plástico, ayudan también a fraccionarlo y esa sustancia después pasa a las gallinas que se alimentan de ellas.
Las gallinas también se contaminan directamente porque picotean plásticos que llevan adheridos restos de comida, según expuso la especialista.
Huerta aseguró que, dado que Los Petenes es una reserva de la biosfera y sus habitantes reciben educación ambiental, es posible que en otros entornos la situación sea incluso peor.
El gran problema para la investigadora es la costumbre de quemar los plásticos, lo que agrava la contaminación.
“Piensan que al quemarlo resolvieron el problema. Pero la situación es que entonces es accesible a los invertebrados del suelo y si es accesible para ellos lo es también para el resto de la cadena trófica. Para las gallinas, por ejemplo. Y la gente come gallinas”, resumió la científica.
Huerta indicó que en las mollejas de gallina analizada encontraron concentraciones de microplásticos y que ese órgano se utiliza en diferentes platos mexicanos.
La investigadora señaló que la mayor parte de la gente con la que habló su equipo confesó que no limpiaban las mollejas por dentro, sino que sólo las lavaban por fuera y después las cocían, una práctica que resulta preocupante.
Sobre el posible efecto en la salud humana del consumo del plástico que entró en la cadena trófica, la investigadora consideró que son necesarios más estudios al respecto, pero lo consideró un “gran riesgo”.
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