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Los almanaques cada vez se estiran más. Los achaques, como los brotes verdes, se demoran, ayudados por una medicina que le ha mejorada expectativas a una tercera edad que pone la cuarta en busca de una reelección tan difícil como las que se barajan. Los viejos, entre consejos y píldoras, parecen recuperar bríos en cada cumpleaños. Por eso no extrañó que en el Asilo Marín, en el cuarto de Omar Rafael Di Tomaso, un jubilado de 92 años que murió hace unos días, encontraran, además de la foto de aquella novia, un verdadero arsenal. Armas cortas y largas, cartuchos y balas. Es que la cosa no está para andar añorando sin reaseguros. Los recuerdos a veces se convierten en una de esas amenazas que sólo un buen pistoletazo puede acallar. ¿Las tenía por si algún preceptor se envalentonaba más allá de la cuenta? ¿O las guardaba, como dice el tango, para el tiro del final? La inseguridad ha llegado tan lejos que, en lugar de los naipes y el tejido, muchos pensionistas se guarecen como pueden ante una realidad difícil y riesgosa.
Para algunos, las vitaminas y los mensajitos de los nietos no son suficientes. Otros, para sentirse más seguros ante la soledad y los malos pensamientos, prefieren dejar los ansiolíticos en la mesita de luz y tener una nueve milímetros bajo la almoada. Ahora que los ploteos están en danza y que algunos intendentes/as sueñan con verse retratados en cualquier puerta oficial, en los geriátricos pos modernos se baraja la idea de publicitar con firmas conocidas la camiseta de frisa o los batones. Los expertos aconsejan a los jubilados que hay que entretenerse e interactuar para poder acomodarse a un mundo que los quiere hacer a un lado. Y frente a esa actualidad, ahora despunta la chance de lograr sponsorear gorras y echarpes para presentarse bien patrocinados a la rueda del dominó. Por eso don Omar, evocando viejas historietas, se sentía el sheriff del Asilo Marín y guardaba en el placard la estrella y la cartuchera, imaginando algún rescate heroico sobre la calle 60, para poder salvar sobre la hora y a todo galope a doña Leonor y a sus recuerdos.
El gremio docente a esta altura debería incluir la discusión salarial de cada ciclo lectivo como una efeméride más del calendario escolar
El de Messi fue un indulto salvador en una semana donde hubo indultos indefendibles que le sumaron zozobras a una grieta cada vez más suspicaz y sensible
BELFIES NO SELFIES
Hizo su aparición la cuenta de Instagram Cheekyexploits , un perfil que sólo admite fotografías de personas que enseñan su culo. Son los llamados ‘belfies’. La idea es que los curiosos aprendan que, más allá de las colas indiscutibles, premiadas y perfectas, hay en la red una dotación de culos de reserva que están allí, a merced de lo que sea, soportando el juicio y el escudriño de una población que ha perdido la sana costumbre de contemplar colas comunes. Son nalgas anónimas pero bien mantenidas. Que nos van preparando el ojo, porque las PASO nos dejará ver a más de un candidato mostrando el culo.
PRESENTISMO
Entre tanta exhibición virtual, donde sólo la red y las pantallas difunden y corroboran, lo presencial ha ido perdiendo valor. Baradel y su muchachada más seguidora también se resisten al presentismo y sueñan con una escuela a donde cada uno concurra cuando pueda. Curiosamente el que defiende el ausentismo es un colectivo que ha transformado lo de pasar lista en una seña de identidad. Fueron ellas, nuestras queridas maestras, las que nos enseñaron a no faltar, no llegar tarde ni dejar de pedir permiso. Pero los tiempos cambian. Y ahora hablar de ausentismo está mal visto. Esa palabra se le atraganta a un gremio que a esta altura debería incluir la discusión salarial de cada ciclo lectivo como una efeméride más del calendario escolar.
MESSI REDIMIDO
Pero el presentismo nos trajo una buena noticia: le levantaron la pesada sanción a Messi, un ausente que se hizo sentir. Así la FIFA le devolvió esperanzas a una Selección con más disculpas que festejos. El perdón le otorgó humos a los cultores del garantismo. Pero el de Messi fue un indulto salvador en una semana donde hubo indultos indefendibles que le sumaron zozobras a una grieta cada vez más suspicaz y sensible. Y que mostraron una justicia cada vez más acostumbrada a liberar canallas. Demasiado perdones para un país sobrado de culpas.
(*) Periodista y crítico de cine
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