No hay caso. Villa San Carlos sigue siendo un equipo irregular en este torneo. Y continúa dilapidando puntos fundamentales en su lucha por engrosar su flaco promedio. Si bien hoy por hoy se encuentra afuera de la zona de descenso directo, su situación es delicada y no tendrá que relajarse de acá hasta el final de la temporada. Justamente, esa irregularidad le sigue jugando en contra porque los puntos perdidos en los últimos partidos son irrecuperables y la situación no mejora a ocho fechas del final de la temporada.
Ayer, en Berisso, tenía una nueva oportunidad de sumar de a tres (como sucedió hace una semana en Munro) ante un rival directo en esta ardua pelea por zafar del descenso.
Talleres, que se ubica penúltimo en los promedios (1,130 de coeficiente) fue, en definitiva el que terminó festejando el empate. Porque llegó hasta Berisso con la consigna de no perder, y lo consiguió, más allá de que no ofreció demasiado en materia futbolística. San Carlos, en cambio, se fue masticando bronca porque no pudo plasmar su objetivo, que era ganar para alejarse de los últimos puestos.
LAS EMOCIONES
El partido en sí fue un verdadero fiasco. Si bien las emociones en el segundo tiempo le pusieron algo de entusiasmo al cotejo, ninguno de los dos participantes estuvo a la altura de las circunstancias y demostraron porqué se encuentran en los últimos puestos. Cristian Campozano, de cabeza, a la salida de un tiro de esquina desde el sector izquierdo, abrió la cuenta para el Celeste, a los 14 minutos de la segunda mitad.
Todo parecía encaminado hacia una victoria segura, que le hubiera venido como anillo al dedo.
Sin embargo, la alegría del equipo de Berisso duró muy poco, pues diez minutos después, Ezequiel Vidal, también de cabeza, y aprovechando una salida en falso de Pablo Bangardino, estableció la paridad definitiva en el Genasio Sálice. Punto con sabor amargo para el Celeste.
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