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Street Art, o el espejo de la problemática social

Federico Zovadelli / Shutterstock.com

Por JUAN PABLO PETTORUTI (*)

La calle fue, desde siempre, un escenario más. Como a tantas otras expresiones ha sucedido, el arte que se expresa sobre las tablas callejeras ha sido rotulado, nombrado (tal vez en una paradójica maniobra marketinera) como Street art.

Su costado plástico, en forma de grafiti, mural o híbrido entre ambos, hace de las calles una galería de arte de basto alcance y constante renovación. La galería callejera se reinventa a si misma y el publico se renueva solo.

Tal vez en un primer acercamiento la galería callejera pareciera ser un espacio marginal, ajeno a una escena artística activa en un mercado determinado, pero basta sólo referirse a algunos casos para ver que esto no es así, que la calle representa una escena artística en si misma y que suele por momento acercarse a la galería y el mercado convencionales.

La obra de arte plástico callejero cuenta con un potencial de difusión con el cual la obra de arte expuesta en un espacio cerrado no cuenta. Esto no pareciera ser un dato menor para los artistas protagonistas, que dejan entrever en su trabajo un fuerte contenido sociocultural.

Estas obras funcionan, en algunos casos, como un claro reflejo de las problemáticas circundantes. Es que esta forma de expresión se encuentra inmersa en los niveles más entreverados de la realidad, se inmiscuyen en la vida cotidiana, en lo que vemos todos los días, ¡tal como lo hace la propaganda! pero con un objetivo muy diferente.

Los murales disparan nuestro poder interpretativo, o reflejan un claro mensaje ligado a una problemática ligada al entorno al que pertenecen

Los murales disparan nuestro poder interpretativo (parte de un profundo acto creativo), o como ya dijimos, reflejan un claro mensaje ligado a una problemática perteneciente al entorno al que pertenecen: el afuera.

En cualquiera de los dos casos, la constante exposición del transeúnte a estos contenidos visuales no será perjudicial, sino alentadora. Lo sabe Banksy, quien mediante su accionar pseudo clandestino, hace de las calles su galería, revistiéndolas de simbolismo, elaborando la cita plástica hasta hacer de los materiales citados un objeto propio (que a su vez vende en su tienda o en su hotel, que son, al mismo tiempo, obras de arte en si mismo), redefiniendo símbolos apoltronados en una intersubjetividad popular adormecida por un peligroso y vacío día a día.

Francisco de Pajaro, por su parte, extiende sus paredes a todo desperdicio cercano. “El arte es basura” es su credo, y a partir de este es que ha desarrollado un soporte más que original para su arte: la basura.

Sobre las bolsas llenas de residuos, cartones arrumbados, botellas, chatarra o tachos repletos de desperdicios, Pajaro pinta, dibuja e interviene.

La basura pasa a ser arte, un arte propenso a lo efímero, pero ineludible, porque se encuentra, lamentablemente, en cada rincón del mundo

La basura pasa a ser arte, un arte propenso a lo efímero, pero ineludible, ya que el lienzo que Pajaro ha descubierto se encuentra, lamentablemente, en cada rincón del mundo, en cada metrópolis compradora de arte. Inevitablemente, Pajaro nos hace pensar en la basura, y la problemática que esta conlleva.

Pero no tenemos que viajar a Nueva York ni a México DF para encontrarnos con este tipo de expresiones artísticas. La ciudad de La Plata es galería de Lumpen Bola, entre otros. Un artista que lleva a las paredes imágenes y personajes urbanos de la región, elaborando los símbolos que la sociedad reconoce en su tradición metropolitana: en algunos casos mediante complejos cifrados y en otros casos con un certero mensajes a la quijada, siempre en torno a una problemática, un tema popular, un rumor urbano o un grito acallado. ¡Tregua!

El arte callejero, el anti-art callejero de Lumpen Bola se concentrará, como enredado a un destino irremediable, hoy en la esquina del tradicional bar platense Ciudad Vieja, que se transformará en una urbe multimedial, en la cual la convergencia y el choque entre el afuera y el adentro, son augurio de una potente experiencia.

Pero esto no es un impasse, sino sólo una tregua con el público que excepcionalmente podrá asistir a un único lugar. Luego la galería volverá a posarse sobre el dinámico, problemático y conmovedor afuera.

(*) Compositor

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