Si algo se le puede reconocer al grupo que fue detenido ayer es que no discriminaba a nadie por su edad.
De hecho, el hombre señalado como líder tiene 78 años, entre los detenidos hay un pibe de 20 y ambos cayeron juntos a otros siete sujetos de entre 31 y 57 años.
Justamente, por la edad del cabecilla los investigadores bautizaron a la organización como “la banda del abuelito”, sospechada de cometer al menos ocho asaltos en La Plata bajo la modalidad entradera y por lo menos otros cuatro como piratas del asfalto, informaron fuentes oficiales. Los pesquisas están convencidos de que la banda es responsable de varios golpes más, aunque de los que figuran en la causa dicen tener “evidencias irrebatibles”.
La causa se inició a partir de un hecho ocurrido en la noche del 16 de enero de 2016 en una casa situada en la calle 30, a la altura del 500, donde cinco delincuentes entraron rompiendo la puerta con un ariete o brecha, que no es otra cosa que el fierro que usan las fuerzas de seguridad para irrumpir en un allanamiento. Los intrusos, que tenían armas, se cubrían las caras con pasamontañas y usaban chalecos antibala. De esa vivienda se llevaron plata (en pesos, dólares y euros), electrodomésticos, teléfonos y un automóvil Toyota Corolla.
Una vecina que los vio en la fuga declaró que tenían un vehículo propio: una camioneta Ford Ranger negra que describió al detalle.
La DDI La Plata se hizo cargo de la investigación bajo la instrucción del fiscal Marcelo Romero, quien pidió varias escuchas, seguimiento de los teléfonos robados y entrecruzamientos de distintas líneas, peritajes que, con el paso de los meses, acercaron datos clave.
“Se pudo dar con una organización dedicada a cometer hechos de entraderas y de piratería del asfalto”, dijo una voz importante en la pesquisa, detallando que el grupo tenía como “centro de operaciones una finca en las calles 143 entre 43 y 44”. Por lo que figura en el expediente, usaban esa propiedad “como lugar de ocultamiento y desguace de camiones robados”.
A pedido de Romero y por orden del juez Juan Pablo Masi, los detectives encabezados por Pedro Beltrame hicieron junto a varios grupos operativos 15 allanamientos en la Ciudad, Lomas de Zamora y Quilmes, pudiendo detener al principal acusado, a su segundo y a otros 7 sospechosos de integrar el grupo. Hay un imputado prófugo.
Secuestraron 11 teléfonos celulares que “se usaban para organizar los robos y reducir lo sustraído”, apuntó un pesquisa. También encontraron un Audi A4 y una EcoSport “nueva, que utilizaban para interceptar los camiones y hacer distintos desplazamientos; una pistola 9 milímitros; insignias policiales para acceder a la fincas o detener a los rodados e inhibidores de señal para evitar el reporte de los vehículos que tuvieran seguimientos”, entre otras cosas que servían para lo mismo: posibilitar los golpes.
Según los pesquisas, “robaban casas y camiones en la ruta. A la mercadería la vendían y a los vehículos los ‘enfriaban’ en alguna estación de servicio hasta que los desarmaban y vendían las piezas”.
Distintas fuentes calificaron al supuesto líder de la organización como un “viejo reducidor” en la Ciudad, que pasó más de dos décadas preso “y nunca abandonó la actividad”. A todos los acusados les imputan “asociación ilícita en concurso real con robos reiterados por el uso de arma de fuego y robo agravado de automotor reiterados”. Hoy los indagan.
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