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Los mosquitos, como los candidatos, tramitaron un cambio de domicilio para poder jugar fuerte este invierno. Antes se conformaban con callejear en sólo en el verano. Pero ahora dejaron la ciudad autónoma y se mandaron para el conurbano. Los bonaerenses rezongaron contra el gobierno porteño. No será la primera vez. La Capital Federal suele calificar como deshechos a los que andan haciendo ronchas incómodas. A la sombra de una realidad cambiante y complicada, también los insectos se han vuelto inmunes e impunes. Sus bandadas se han diversificado. Y para no desentonar con estos tiempos, resultan cada vez más dañinos y peligrosos. Todos, de prisa, están rumbeando para una Provincia llena de moretones y de posibilidades. Hasta una ballena mal informada quedó varada y confundida en los mismos límites de un río que transcurre, eterno y mugriento, entre las dos jurisdicciones. Ni Rodríguez Larreta ni María Eugenia se hicieron cargo de esa refugiada que no sabe, como muchos candidatos, si partir o quedarse.
Epoca de mudanzas, de reacomodamiento, hora de cambiar de casa y de camiseta. Las PASO obligan a los aspirantes a desarmar valijas. No importa el vecindario. Van a buscar zonas de picoteos para poder rascarse para dentro. Hoy, la variedad de la bandada es infinita. Están los que sobrevuelan y no deciden dónde anclar. Están los que hacen mucho zumbido pero se eclipsan rápido. Y están lo que no dejan dormir y se conforman sólo con molestar. Los animales siempre avisan y marcan rumbo. Hay que saber descifrar sus mensajes. Los estorninos que coparon el centro dejaron alegorías sobre una ciudad donde sobran las cagadas. Las palomas que acamparon en la Catedral divulgaron las ventajas del doble discurso: en los dibujos traían la paz, pero en la realidad se tornaban molestos y empecinados. Son las jurisdicciones las que hoy juegan. Hasta el intendente Garro rehizo su mapa. Explicó que tiene bastante con los bandidos platenses y que no quiere recibir a los que llegan desde la 122. ¿Qué hacer? ¿Levantar un muro de cinacina al estilo Trump para seleccionar visitantes? El Intendente le pide a los batallones de vigiladores que no descuiden la triple frontera de la avenida 60. No quiere que las vecindades le sume malas costumbres a una ciudad que en esa materia está sobre abastecida. Por eso Pelusa, la elefanta municipal, también marcó territorio y desde sus nanas tramita un salvoconducto que lo mantenga en planta pero lejos de las visitas domingueras y de la furia tribunera por goles errados. Mientras regula sus últimos pisotones a lo largo de una comarca tan pisoteada, hace saber que su único plan es salir en comisión hacia una delegación calma y remota. Tiene muchos años de servicio. Y ha homenajeado el presentismo, tan maltratado estos días. Y ya se siente parte de Cambiemos: ve que el Intendente anda moviendo jaulas para conformar algunos monos. Y le gusta ver a los radicales con tanta trompa.
El Batman sudaca, que cada semana se mete en el Hospital de Niños para llevar alegría a los chicos, logró de un plumazo mejorar la imagen de murciélagos y encapuchados
La elefanta Pelusa se siente parte de Cambiemos: ve que el Intendente anda moviendo jaulas para conformar algunos monos. Y le gusta ver a los radicales con tanta trompa
Los murciélagos también han vuelto a escena. Hace poco fracasó una campaña organizada por algunos profes del Museo. Querían insertarlos en el discurso inclusivo del kirchnerismo. La coreo era lograr que esos bichos repugnantes interactuaran con los de la casa y dejaran en el olvido su mala fama. No hubo caso. Pero ahora, por suerte, estos vampiros lograran ser reivindicados por un Batman sudaca que cada semana se mete en el Hospital de Niños para llevar golosinas y alegría a los chicos. Se hace llamar Bruno Díaz, como el personaje. Solidario y puntual, este buen vecino logró de un plumazo mejorar la imagen de murciélagos y encapuchados. El Batman platense ajusta su buena fe a los contrastes de un paisaje que a cada rato levanta sus reflectores pidiendo ayuda. Tiene trabajo de sobra si quiere emular al justiciero de la historieta. La ciudad ha hecho a un lado a los comics de la infancia para copiar a cada rato a los policiales más escabrosos. Y ni un seleccionado de superagentes podría salir airoso en una metrópoli donde los únicos que andan tranquilos son los superladrones. Utiles y caramelos son las armas de este Caballero de la Noche que prefiere mantenerse en el anonimato. Es que la cosa está tan fea, que los buenos deben andar ocultos y disfrazados.
La actualidad como la ballena encalló entre simulaciones, traslados y denuncias. Los discursos confusos se quedan. La vedette Tamara Gala, por ejemplo, se tatuó El Credo en su muslo y ahora debe avisarle a sus merodeadores que, cuando hagan su recorrida, dejen a un lado el catecismo para consagrarse en otros altares. ¿Será excitante? No es bueno sembrar allí señales de advertencias. El concurrente, al toparse con el Credo en plena faena, se desorienta, porque no sabe si lo de la resurrección de la carne es una incitación o un límite.
(*) Periodista y crítico de cine
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